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Confusión en la Jerarquía

Estamos viviendo una profunda crisis doctrinal, litúrgica y moral. Y lo estamos viviendo nosotros en este momento de la Historia de la Salvación. Si Dios nuestro Señor lo está permitiendo, debe ser para algo mejor. Demos gracias a Nuestro Señor, que desde toda la eternidad ha permitido que seamos nosotros quienes estemos viviendo en este momento de la historia. La gran cuestión es: ¿qué debemos hacer nosotros los laicos, ante la crisis espantosa que está desbastando a la Iglesia?

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Un católico fiel permanece en la luz de Cristo

—«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» (Jn 8,12). Si alguno anda en tinieblas, será que no sigue a Cristo. —El cristiano católico no vive en la confusión, sino «en la Casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad» (1Tim 3,15). Si está  lleno de confusión, será porque no siempre vive en la Casa de Dios, sino que se permite esparcimientos en antros ideológicos mundanos. —«El justo vive de la fe… La fe es por la predicación. Y la predicación por la palabra de Cristo» (Rom 1,17; 10,17). El que, alejándose de la fe, da crédito a otras voces contrarias, cae necesariamente en el pozo de la confusión. —Como los lados de un triángulo equilátero, en el que cada lado sostiene a los otros dos, así «Tradición, Escritura y Magisterio de la Iglesia están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros» (Vat. II, Dei Verbum 10).

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Edificante el testimonio martirial de San Hermenegildo que fue decapitado el día de Pascua de 585.

Hijo de Leovigildo, rey arriano de los visigodos y de la princesa católica Teodosia. El y su hermano fueron educados en la herejía arriana.

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Cuando no hay batalla, no hay cristiandad. Cuando no hay batalla, no hay verdadera Iglesia de Dios, no hay verdadera Iglesia Católica. El Concilio Vaticano II nos enseña: "A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final. Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo. "(Gaudium et spes, 37) . Esta dramática situación de "todo el mundo [que] está en poder del maligno" (1 Jn 5:19; ver 1 Pedro 5: 8) hace que la vida del hombre sea una batalla. (véase Catecismo de la Iglesia Católica, 409)

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¿Hacia dónde va el Ecumenismo...? (conferencia del Dr. Mario Caponnetto)

Seguimos con el tema, sí, porque no es de poca monta, pues está en juego nuestra propia identidad de católicos, vale decir: nuestra propia subsistencia como tales.

 

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