APLICACIÓN DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA EN ECONOMÍA
En esta era de abundancia - al servicio de la verdad plena del hombre
Capítulo 28
¿Qué Haría el Crédito Social por Usted?
Primero señalemos que el Crédito Social no cambia nada, ni en la forma ni en el valor del dinero. Tampoco toma el dinero de nadie.
La técnica del Crédito Social, mediante un equilibrio entre la producción y el poder de compra, protege el valor del dólar, lo que no hace el sistema actual. ¿Compraríamos lo mismo con los dólares de 1935 que con los actuales? El Crédito Social hace imposible toda inflación y toda deflación. El sistema actual no lo hace, dado que el Gobierno está obligado a intervenir mediante decretos para prevenir que los precios suban en determinados momentos o para conservarlos a un nivel estable en otros.
El Crédito Social no le quitaría nada a nadie pero sí le daría algo a todos. Esto es posible dado que, durante una guerra, podemos proporcionarles muchas cosas extravagantes a los enemigos, sin que esto arruine para nada a nuestro país, sino que somos aún más prósperos que antes al hacer estos regalos.
Para la familia
El Crédito Social garantizaría las necesidades de vida a todos y cada uno. Para la familia, sería garantía de un ingreso periódico, ya que habría dividendos para todos los miembros de un hogar.
Esto es mostrar respeto por la familia, mostrado en hechos concretos a través de acciones y sin las contribuciones preliminares ni las encuestas humillantes del sistema actual. Significaría para cada hombre y mujer joven que desearan iniciar una nueva familia y perseguir sus ideales, el que pudieran hacerlo confiada y libremente.
Para ustedes, agricultores
Para el agricultor, el advenimiento del sistema del Crédito Social significaría la posibilidad de vivir confortablemente de su tierra, sin tener que trabajar dándole mantenimiento a las carreteras ni bajo las órdenes de las compañías madereras para poder sobrevivir. Significaría la posibilidad de obtener una buena educación para cada uno de sus hijos que los preparara para las carreras de su elección.
El incremento en el poder adquisitivo de los consumidores mantendría el nivel del mercado para los productos de la granja, sin que tuviéramos que buscar el colocar los productos en los cuatro rincones de la tierra. Y los productos correspondientes a las necesidades reales serían los que se vendieran sin pérdida para los productores.
¿Se han percatado de la maquinaria moderna y de la sofisticación de las granjas experimentales? ¿Qué le evitaría al agricultor tener algo similar cuando la venta de sus productos le daría no sólo para eso sino también todo lo necesario para desarrollar al máximo sus capacidades?
Ciertamente veríamos a menos de nuestros agricultores abandonar sus granjas para ir a establecerse en una ciudad. El agricultor sería cada vez más capaz de conservar sus propiedades dado que contaría con la electricidad, ayuda mecánica y todo lo necesario para hacer su vida menos difícil y más atractiva.
Para ustedes, colonizadores
Los colonizadores merecen mucho de la sociedad dado que contribuyen grandemente a la expansión de la herencia productiva del país. Sin embargo, ¿cuántas veces no son condenados junto con su familia a la miseria y a la privación? Ellos, quienes tienen tanta necesidad de la fuerza de sus brazos, ni siquiera son capaz de alimentarse a sí mismos adecuadamente. Ellos, que tienen tanta necesidad de utilizar su día completo para transformar los bosques en campos, son forzados a dar meses y meses a empresas para no morirse de hambre.
Hay suficientes recursos ya desarrollados en el país para apoyar fácilmente a quienes se aplican a sí mismos a la tarea de crear más.
El Crédito Social, garantizando las necesidades de vida básicas para todos, por consiguiente, a cada miembro de la familia de cada colonizador, contribuiría en sus condiciones pioneras. El colonizador sería capaz de dedicarle todo su tiempo a arar la tierra para obtener una mejor y pronta cosecha, podría comprar los implementos y animales necesarios para hacer crecer los campos.
Para ustedes trabajadores
¿Qué haría el Crédito Social para los trabajadores?
Primero que nada, pondría fin a las crisis, a los períodos de desempleo en los que hay muchas necesidades que satisfacer. Por lo mismo, habría una reducción gradual de las horas de trabajo con el advenimiento de la máquina para ayudar en la labor humana; pero la reducción en el empleo no significaría una reducción en el poder de compra. Aún con más tiempo libre, el poder de compra estaría al nivel de la producción para su venta en el mercado, los dividendos crecerían cuando los sueldos y salarios desaparecieran debido al reemplazo de la labor humana por la máquina.
El empleador, teniendo asegurado un mercado propicio para la venta de sus productos, estaría en mejor disposición hacia sus empleados. El empleado, más independiente debido a que tiene aseguradas sus necesidades de vida, estaría en una mejor posición para pedir mejores y más razonables condiciones de empleo.
La competencia salvaje, creada por un sistema donde los industriales tienen que pelear por el actual e insuficiente poder de compra, ya no tendría bases para subsistir. El empleador entendería mejor que su interés está ligado al de sus empleados. La armonía entre ambos sería más fácil y se evitarían las huelgas.
Para ustedes profesionales
El poder adquisitivo incrementado por el Crédito Social al nivel de la producción, tanto de los servicios como de los bienes, le permitiría a la gente recurrir a los servicios de los buenos profesionales siempre que se presentara la necesidad.
El Crédito Social también representaría el medio efectivo para evitar el control del Estado sobre las profesiones y consecuentemente de darle a cada persona la libertad de practicar su profesión sin convertirse en un esclavo civil.
Como los demás ciudadanos, los profesionales, al igual que todos los miembros de su familia, recibirían el dividendo nacional, además de sus cuotas por servicio.
Para ustedes servidores públicos
¿Y qué con respecto a los servidores públicos?
Ya no temerían a la guillotina, a ser destituidos de sus trabajos por parte del Gobierno. Primero que nada, la guillotina se quedaría sin filo debido a la gran variedad de carreras abiertas para todos los gustos y habilidades. Si uno se adhiere con gran fuerza a los puestos públicos es por el temor de quedarse sin trabajo si uno deja el puesto.
Entonces, habría una gran multiplicidad de carreras y trabajos disponibles en los negocios, la industria y la agricultura, que pocos realmente querrían emplearse al servicio del gobierno. Ya no existiría el miedo de la destitución.
Para ustedes, hombres de negocios e industriales
El abarrotero de la esquina ciertamente no se ofendería si sus clientes compraran más y pagaran mejor.
La industria es activa cuando vende sus productos. Con el poder de compra de los consumidores conservado al nivel requerido, a la industria se le aseguraría un mercado doméstico permanente. En cuanto a la exportación, sería mucho más fácil, dado que la importación también sería favorecida. Son las importaciones aceptadas lo que hace que los pagos de nuestras exportaciones se hagan también con mayor facilidad en el extranjero.
Mediante la entrega de productos, la industria y los negocios privados alcanzarían su fin y le darían satisfacción al consumidor. Dejaríamos de escuchar el clamor por el control del Estado y la nacionalización. El Crédito Social abomina todo control del Estado. Un gobierno de Crédito Social refrenaría su intervención en la conducta de la empresa privada, que puede ocuparse de sus propios asuntos cuando el consumidor es capaz de comprar y pagar.
Para ustedes electores
Ahora, si consideramos a cada ciudadano en edad de votar, uno comprenderá que, sin tener que limosnearle más favores al gobierno a través de los miembros del Parlamento o de sus ministros para poder comer tres veces al día, el votante sería únicamente más independiente y más libre. La maquinaria electoral corrompida tendría menos ascendencia sobre las conciencias.
El Crédito Social contribuiría poderosamente a que las prácticas electorales fueran más sanas lo cual sería una gran bendición.
Para ustedes oponentes
Entonces, ¿quién le temería al advenimiento del Crédito Social? Nadie, excepto quienes buscan dominar, quienes viven de la explotación de los demás. Ellos no serían exitosos en esta explotación a menos que una gran mayoría de gente no pueda obtener su pan sin aceptar el servilismo.
Pero un sistema de Crédito Social protegería aún a aquellos que se le oponen para satisfacer sus ambiciones. Les protegería al prevenirlos de enfrentarse a una multitud exacerbada debido a que ha estado imbuida en la miseria, indignada, con justa razón, a causa de la explotación de la que ha sido víctima.
El restablecer el orden a tiempo es la única forma de evitar que se desate la revolución – el fruto natural de un sistema que fomenta el desorden permanente al amparo de la ley.
La Ciencia Aplicada, un Bien Común
¿Quién de nosotros no nos hemos preguntado – a pesar de todo lo que nos dificulta el concentrarnos – algo como lo que sigue: ¿Cómo es posible que con todo el progreso en todos los campos de la producción – agricultura, industria textil, construcción, salud, transportación, almacenamiento, etc. – nos sigamos preocupando por el futuro e incluso, por el día de hoy?
Las preocupaciones y una vida febril
Démonos cuenta que las preocupaciones en cuestión no son originadas por ninguna guerra. La guerra, por el contrario, reduce las preocupaciones concernientes a encontrar los medios necesarios para llevar el pan diario a nuestras mesas. Es una cuestión de preocupaciones en tiempos de paz, cuando los elevadores de granos están atiborrados de trigo, cuando los escaparates despliegan todos los productos que tienen a la venta, cuando los anuncios nos invitan a comprar la abundancia de bienes que solamente están esperando a ser vendidos.
¿Cómo es posible que con la invención de tantas máquinas tan sofisticadas a su servicio, el hombre se vea obligado a sentarse ociosamente muriéndose de hambre, o a trabajar frenéticamente en fábricas o minas, día y noche, incluso los domingos, dejando su casa muy temprano por la mañana o muy tarde por la noche para estar ahí cuando el silbato suena; dejar la fábrica agotado, exhausto, malhumorado por las continuas quejas y gritos de sus patrones quienes se han vuelto presa de actividades febriles y calculadoras?
La ciencia que castiga
¿Qué utilidad tiene la ciencia, los inventos, las máquinas, la electricidad, la química, si todo esto únicamente le sirve al hombre para llevarlo al matadero, para dejarlo en la miseria a medida que la destrucción a gran escala de los seres humanos está teniendo lugar?
La ciencia se ha convertido en un agente de sufrimiento y muerte dado que sus beneficios no le llegan al consumidor, a la masa de consumidores.
La ciencia multiplica los productos mientras reduce el número de trabajadores; sin embargo, aún no se han dado los medios para distribuir los productos de la ciencia a quienes no tienen ni sueldos ni salarios. De ahí la miseria y el desorden crecientes en medio de naciones donde brillan las aplicaciones de la ciencia. Para mantener las actividades de producción, cada país busca impulsar su producción acumulada hacia otros países en donde tampoco quieren comprarle nada; de aquí se generan las fricciones que desencadenan en guerras entre las naciones.
Esto ocasionó que el Profesor Frederick Soddy (Premio Nóbel de Química en 1921), uno de los más grandes científicos de nuestro tiempo, dijera el 2 de octubre de 1942, en la cúspide de la guerra: "La ciencia sin el Crédito Social es flagrante suicidio."
La ciencia con el Crédito Social
¿Por qué dijo esto el Profesor Soddy? – la ciencia sin el Crédito Social-. Porque con el Crédito Social, los productos de la ciencia – la producción agrícola y los bienes extraídos de los bosques y la industria que responden a las necesidades de los consumidores – irían a estos últimos aunque los sueldos y salarios les fueran quitados por las máquinas.
Los Creditistas Sociales son de la opinión, que es mejor dedicarse a traer un poco más de gozo a la tierra, aún en tiempos de paz, aún cuando se detuviera la movilización de los hombres y de las máquinas para cavar tumbas.
La novedad que pide el Crédito Social es que la ciencia se aplique al servicio y no al castigo. El Crédito Social hace algo muy simple, reconoce que la ciencia es un bien común y que a mayor ciencia que ingrese en la producción, mayores serán las partes de la misma que deberán ir a todos y cada uno de los miembros de la sociedad.
Ejemplo: la corriente eléctrica
Para entenderlo mejor, pasemos cinco minutos frente a una lámpara. Todos saben lo que es una lámpara, aún quienes no tienen electricidad en sus casas.
Oprimo un botón: la lámpara enciende e ilumina la habitación. ¿Por qué? Porque al apretar el botón provoqué la unión de dos cables y la corriente eléctrica inmediatamente llegó a los filamentos del bulbo, lo que provocó su incandescencia.
Pero, ¿de dónde viene esta corriente eléctrica? ¿De dónde procede está corriente tan conveniente para iluminar, calentar, encender motores, ante la simple opresión del botón? Esta corriente que viaja a través de los cables a la velocidad de la luz, ¿de qué está hecha?
Esta corriente viene de una caída de agua. En algún lugar del bosque, en la falda de una montaña o en la profundidad de la misma, un río sigue su cauce hacia el mar, una masa de agua cae a 20, 40, 60 metros.
Nuestros ancestros vieron estas caídas de agua: eran hermosas ante sus ojos de poetas, pero muy inconvenientes para los remeros quienes tenían que llegar a puerto. Nuestros ancestros no sacaron provecho de estas caídas, salvo en ocasiones para hacer girar las aspas de un molino. Ellos no utilizaron la fuerza del agua para generar electricidad, calor o energía transportable a grandes distancias. ¿Por qué?
Porque carecían de la ciencia, que, acumulada y transmitida de generación en generación, algunas veces lentamente, otras, con mayor rapidez, llegó a Ampere y a Faraday para que hicieran sus hermosos descubrimientos. Y, actualmente, la caída de agua es un tesoro.
Se construyen presas, se instalan turbinas, cables y las caídas de agua proporcionan electricidad, sin cansarse, sin pedir días libres, a distancias de cientos, miles de millas.
De aquí viene la corriente que hace que mi bujía sea incandescente y luminosa.
Una caída de agua – ciencia – material – trabajo- y tenemos la corriente eléctrica.
Los propietarios
¿A quién le pertenecen las caídas de agua? ¿Quién bombea el agua del mar para llevarla en forma de lluvia a las cimas y faldas de las montañas? ¿No es el trabajo del sol, sin una sola onza de labor humana? ¿Quién moldeó las montañas, las faldas, los declives de tierra que hacen que el agua se precipite hacia las cataratas? ¿Quién sino las fuerzas de la naturaleza – levantamientos, hundimientos, volcanes, erosión?
Por tanto, ¿quién puede autonombrarse dueño absoluto de esta cascada? Esta caída de agua es un bien común. En la Provincia de Quebec, le pertenece a la provincia, por tanto, a todos sus habitantes, no más a unos que a otros, sino a todos en el mismo grado.
¿Qué con respecto a la ciencia? La acumulación de inventos que permite la producción de la corriente eléctrica – ¿a quién le pertenece? ¿A quién sino a toda la humanidad, a todo el género humano sin excepción? Al recién nacido, al anciano que no puede trabajar más al enfermo y a quien goza de buena salud, a todos y cada uno sin excepción y en mismo grado.
En cuanto al material para la presa – fue comprado y pagado. El trabajo para su construcción fue pagado en forma de sueldos y salarios.
La propiedad privada se reconoce y se paga como tal. Pero, de lo que constituye la propiedad común, ¿se les ha dado algún ingreso a todos y cada uno dado que todos y cada uno son copropietarios de la misma?
Preguntémosle al colonizador, al agricultor, a quien no es capaz de electrificar su granja, al pobre trabajador que utiliza una lámpara de parafina ya que no cuenta con nada más para alumbrarse- preguntémosles si han recibido su parte de la producción, o su equivalente en la forma de otros productos a cambio de su parte como copropietarios.
Vayamos más lejos todavía. No es nada más la catarata la que es propiedad común. No es únicamente la ciencia la que es propiedad común. Es la organización social, sin la cual nada de esto sería posible. La organización social que multiplica las posibilidades de producción, es también un bien común.
Derechos de nacimiento
Todo esto significa que todos y cada uno – por el simple hecho de su entrada a una sociedad organizada, por haber nacido en un país con recursos naturales y en un mundo de ciencia aplicada – tiene derecho a recibir su parte, como copropietario de muchos y grandes bienes comunes. No solamente en el campo de la electricidad, sino en todos los campos de la producción moderna, que cada vez más y más pide prestados los frutos de la ciencia aplicada y cada vez menos de la labor humana.
Dejemos ahora la lámpara y acerquémonos a la cuna de un recién nacido, a la cama de un hombre enfermo, al ama de casa que lleva a cabo su tarea, al pionero que tala árboles y jala los leños para construir con gran dificultad y miseria, una pequeña propiedad en una nueva tierra y preguntémosles si no les vendría bien un ingreso anual o mensual como su parte del capital común y si no lo utilizarían para su beneficio.
Bien, este es el capital común que reconoce el Crédito Social que cree en la propiedad privada y la respeta. Cree en la recompensa a su trabajo y la apoya. Pero también cree en la propiedad común y afirma que es precisamente debido a que a cada persona se le niega el derecho a su parte de la misma, que los bienes son desperdiciados, son destruidos, bajo los mismos ojos de las multitudes que están necesitándolos.
El dividendo nacional
Un capitalista toma dividendos cuando su capital produce, aunque no sea él quien realice el trabajo.
Del mismo modo, cada ciudadano, desde la cuna hasta la tumba, siendo un capitalista, un copropietario del capital común, debe obtener un dividendo de este capital cuando su capital común produce. Debe recibir su dividendo en base a su papel de capitalista, no como un trabajador. Cuando él trabaja recibe una compensación o salario; pero – ademas de su compensación o salario si el trabajó, y sin sueldo o salario si no trabajó– debería retirar su dividendo sobre el capital que le pertenece. Este capital le pertenece al igual que a todos sus conciudadanos; y es por esto que todos y cada uno tienen derecho al mismo dividendo de acuerdo a su capital común que se hizo productivo.
¿Entiende ahora el por qué los Creditistas Sociales abogan por el dividendo nacional?
Y los hechos prueban que tienen razón, tanta razón que, para mantener la producción actual, uno debe absolutamente poner mucho de ella en todas partes. Muchas veces se bombardea sobre las cabezas de los enemigos en tiempos de guerra, en forma de bombas y granadas. Se la tira a los ríos, se echa al fuego, al mar, a las alcantarillas, en forma de mercancías destruidas y de desempleo despreciable. En el primer caso, uno mata a sus hermanos de otra nación. En el segundo caso, uno debilita y mata a sus hermanos en su propia casa.
La ciencia sin el Crédito Social es un suicidio para la humanidad. Con el Crédito Social, la ciencia aplicada llevaría abundancia, gozo y paz a los hogares y a las naciones.



