Vivir  en  la  verdad  tiene  un  importante significado  en  las relaciones  sociales:  la  convivencia  de  los  seres  humanos  dentro  de  una comunidad, en  efecto,  es  ordenada,  fecunda  y  conforme a  su dignidad  de personas, cuando se  funda  en  la  verdad.1

"Los hombres  tienen  una  especial  obligación de  tender  continuamente  hacia la  verdad, respetarla  y  atestiguarla  responsablemente. [...] Las  personas  y  los  grupos  sociales  cuanto  más  se  esfuerzan  por resolver  los  problemas  sociales  según  la  verdad,  tanto  más  se  alejan  del  arbitrio  y  se adecuan a las exigencias objetivas de la moralidad.

Nuestro  tiempo  requiere  una  intensa  actividad  educativa  y  un  compromiso correspondiente  por  parte  de  todos,  para  que  la  búsqueda  de  la  verdad,  que  no  se  puede reducir al conjunto  de  opiniones  o  a  alguna  de ellas, sea  promovida en  todos  los  ámbitos y prevalezca  por  encima  de  cualquier  intento  de  relativizar  sus  exigencias  o  de  ofenderla. Es  una cuestión  que  afecta particularmente  al  mundo de la  comunicación  pública y al de la economía.  En  ellos,  el  uso  sin  escrúpulos  del  dinero  plantea  interrogantes  cada  vez  más urgentes,  que  remiten  necesariamente  a  una  exigencia  de transparencia  y  de honestidad  en la actuación personal y social". 2

Compilado por J. D. G.

Es muy probable que el concepto que usted tenga de la usura sea "el cobro de intereses por encima del monto autorizado por la ley", ó el mismo que acoge la Real Academia de la Lengua Española: "(…) 3. Interés excesivo en un préstamo". Lo que usted probablemente no sepa es que la Academia de la Lengua no acogía la misma definición en la primera edición de su Diccionario, y que para la Doctrina Católica la usura es, simplemente, el cobro de cualquier tipo de interés. 

Para los católicos está prohibido el cobro de intereses, pues como lo definió Santo Tomás de Aquino, es una conducta contraria al Séptimo Mandamiento: "NO HURTARÁS". 

Aquí expondremos las abundantes razones que hacen que el cobro de intereses sea contrario no sólo a la sana lógica, sino a la Moral Cristiana.

La prohibición de cobrar intereses en la Biblia

El único pasaje en la Biblia donde se menciona que Jesús usó su fuerza, fue cuando arrojó a los cambistas (no simples mercaderes) del Templo, utilizando látigos y echando abajo sus mesas y bancas (Cf. Mt 21, 12-13 y Mc 11, 15-19), precisamente porque estaban prestando dinero a interés.

En aquel tiempo existía una ley que decía que, tanto el diezmo como los impuestos del Templo, podrían pagarse únicamente bajo cierta moneda llamada "el medio siclo del santuario", sobre la que los cambistas se las habían arreglado para obtener el monopolio.

Existían diferentes monedas en ese tiempo, pero la gente tenía que obtener esta moneda en particular para pagar el impuesto del Templo. Más aún, las palomas y los animales que llevaban para el sacrificio únicamente podían comprarse con esta moneda que los cambistas canjeaban a los peregrinos, pero a un costo dos veces más elevado que el normal. Así que Jesús echó al suelo sus mesas y dijo: "Mi casa es casa de oración, pero ustedes la han convertido en guarida de ladrones.3"

En este episodio resalta la forma en que Nuestro Señor impone su personalidad al expresar la Ira Santa del Padre, pero luego de derribar mesas y bancas, se acercan a él los ciegos y paralíticos que de otra forma no habrían podido hacerlo, pues la muchedumbre que acompañaba al Redentor permanentemente lo impedía. Al abrirle paso a Jesús, abrumados por su presencia y su mirada, los cambistas y mercaderes dejan un espacio a través del cual los más débiles pueden acceder a la misericordia infinita de Dios. Y entonces la actitud de Nuestro Señor pasa a ser de bondad y dulzura. 

La enseñanza de la Iglesia

La Biblia contiene diversos textos que claramente condenan el préstamo de dinero a interés. Más aún, cerca de 300 años antes de Cristo, el gran filósofo griego Aristóteles también lo condenó, señalando que "el dinero, siendo naturalmente infértil, es absurdo pretender que genere más dinero".

Los Padres de la Iglesia, desde tiempos remotos, siempre denunciaron inequívocamente, la usura. Santo Tomás de Aquino,  en la Summa Teológica (2,2, Q.78), resumió la enseñanza de la Iglesia al respecto:

 "Está escrito en el libro de Éxodo (22, 24) "Si prestas dinero a alguien de mi gente que es pobre, no seas duro con ellos extorsionándolos, ni los oprimas con usura." Quien se vale de la usura para prestar dinero actúa injustamente, ya que está vendiendo lo que no existe y tal acción evidentemente constituye una desigualdad y consecuentemente, una injusticia… De lo que sigue, por tanto, que es un error en sí mismo, poner un precio (usura) por el uso  del dinero prestado y es en el caso de otras ofensas contra la justicia que es deber de uno el restituir el dinero así injustamente adquirido." 

     En respuesta al texto en el Evangelio de la parábola de los talentos (Mt. 25, 14-30 y Lc 19, 22-27) que a simple vista parecen justificar el interés: "Siervo malo y perezoso… ¿por qué no llevaste mi dinero a los cambistas para que lo hubiera recobrado, aún con usura, a mi llegada?" 4, Santo Tomás de Aquino escribe: 

"El interés mencionado en el Evangelio debe tomarse en sentido figurado; se refiere a los bienes espirituales adicionales que Dios nos pide, quien quiere que nosotros siempre hagamos un mejor uso de los talentos que nos ha confiado, siendo esto para nuestro beneficio y no para el Suyo." 5

Así que este texto del Evangelio no puede justificar el interés; como Santo Tomás dice, "un argumento no puede basarse en expresiones figurativas." 

Otro pasaje de la Biblia que presenta dificultades es Deuteronomio 23, 19-20: 

"19. No prestarás a usura a tu hermano ni dinero, ni granos, ni otra cualquiera cosa;

"20. sino solamente a los extranjeros. Mas a tu hermano le has de prestar sin usura lo que necesita; para que te bendiga el Señor Dios tuyo en todo cuanto hicieres en la tierra que vas a poseer."

Santo Tomás explica:

"A los judíos se les prohibía pedir interés a sus hermanos, esto es, a otros judíos; exigir interés sobre un préstamo a cualquiera es malo, estrictamente hablando, ya que uno debe considerar a todo hombre como "su prójimo y su hermano", especialmente de acuerdo a la ley evangélica que debe regir a la humanidad. Así que el salmista, hablando del hombre justo, dice sin reservas "quien no presta su dinero a usura" (Sal. 14, 5) y Ezequiel (18, 17) "un hijo que no acepta interés o usura". 

Si a los judíos se les permitía pedir interés a los extranjeros, escribió Santo Tomás, era para evitar un mal mayor, por miedo a que pudieran cargar con intereses a otros judíos, los adoradores del verdadero Dios. San Ambrosio, comentando sobre el mismo texto, le da a la palabra "extranjeros" el significado de "enemigos" y concluye: "Uno debe buscar interés de aquel a quien legítimamente quiere dañar."

En el "Catecismo Tomista", el Aquinate afirma: "Pero tal vez dirás: ¿Por qué no puedo prestar dinero como hago con un caballo o con una casa?

"Respondemos así: Es un pecado vender dos veces la misma cosa. Ahora bien, si se trata de una casa se pueden considerar DOS realidades, la casa en sí misma y su uso. UNA COSA es poseer la propiedad de la casa y OTRA distinta usar de ella; por eso puedo vender por separado el uso de la casa sin vender la casa misma; y así sucede con otros bienes por el estilo. En cambio, con aquellos bienes cuyo valor radica tan sólo en su uso, esto es, cuyo uso consiste en gastarlos, no se puede hacer como con una casa. Así es el dinero, cuyo uso consiste en gastarlo, así como el trigo, que se consume; por tanto, si vendes su uso, los vendes dos veces." 6

El Salmo 14 corresponde, en el calendario litúrgico, a la solemnidad de Todos los Santos (1º de noviembre), que era de precepto. Es curioso que actualmente en muchos misales se haya suprimido la última porción del texto, que dice: "Señor, ¿quién morará bajo tu tienda? ¿Y quién habitará en tu monte santo? 

"(…) 5. Quien no da su dinero a usura, ni se deja cohechar contra el inocente. Quien así se porta no será conmovido por toda la eternidad."

San Ambrosio también dijo: "¿Qué es la usura, sino el asesinar a un hombre?"

San Juan Crisóstomo: "Nada es más vergonzoso o cruel que la usura."

San León: "La avaricia que clama obligar al prójimo a hacerle un bien mientras que se le engaña es injusta e insolente… Aquel quien, entre las otras reglas de piadosa conducta, no preste su dinero a usura, gozará del descanso eterno… mientras que los que se enriquecen en detrimento de los otros, en cambio, vivirán la eterna condenación."

En 1311, en el Concilio de Viena, el Papa Clemente V declaró nula e inválida toda legislación secular a favor de la usura, y "todo aquel que caiga en el error de obstinadamente mantener que la usura no es pecaminosa, deberá ser castigado por hereje."

Vix Pervenit

El 1 de noviembre de 1745, el Papa Benedicto XIV emitió la carta encíclica Vix Pervenit, dirigida a los Obispos de Italia, referente a los contratos, en donde la usura, o préstamo de dinero con interés está claramente condenada. El 29 de julio de 1836, el Papa Gregorio XVI hizo extensiva esta encíclica a toda la Iglesia. El texto de la Encíclica dice:

"La clase de pecado llamado usura, que recae en un préstamo, consiste en el hecho de que alguien, bajo la excusa del mismo préstamo – que por naturaleza requiere que sea devuelto en la misma cantidad en la que se recibió – exige recibir más de lo debido, conservando consecuentemente de este modo, una utilidad. Es por esta razón que cualquier ganancia de este tipo es ilícita y usurera.

"Y para no poner sobre uno mismo esta nota infame, es inútil decir que la ganancia no es excesiva sino moderada, que no es grande sino pequeña (…). Para objeto de la ley, es necesaria la igualdad entre lo que se prestó y lo que se devuelve (…). Consecuentemente, si alguien recibe más de lo que prestó, está obligado por la justicia conmutativa a la restitución…"

La enseñanza de la Iglesia sobre esta materia es bastante clara, pero, tal y como Louis Even escribió: "A pesar de toda la enseñanza cristiana señalando lo contrario, la práctica se ha abierto tanto camino, que para no perderse en la competencia furiosa sobre la fertilidad del dinero, todos tenemos que comportarnos como si fuera natural que el dinero engendre dinero. La Iglesia no ha derogado sus leyes, pero le ha resultado imposible insistir en su aplicación."

El año siguiente a la publicación de la Encíclica Vix Pervenit, 1746, se publicó en España un tratado histórico – teológico en el que se demuestra la inmoralidad y lo perverso que resulta el cobro de intereses a la luz de la cristiandad. El autor comienza por aclarar que han sido los protestantes quienes se han encargado de "obnubilar" la Doctrina de la Iglesia Católica Romana sobre los intereses, afirmando que la usura no es cualquier cobro de interés, sino el monto exagerado de los mismos. Este eufemismo, que es el que se ha impuesto en la práctica, nos ha llevado a los Cristianos a dar por sentado que el cobro de intereses es perfectamente lícito y normal, cuando durante siglos se sostuvo lo contrario, y las Escrituras aún lo hacen.

La razón para oponerse al cobro de intereses, por simple contradicción lógica, es muy sencilla: quien presta el dinero a interés exige que se le devuelva más de lo que prestó, pero nunca pone en circulación lo que cobra de más. La consecuencia indirecta de todo esto es que para que alguien prospere, y esté en capacidad de cubrir sus deudas, con intereses, alguien debe quebrar,  y entregar los bienes que ofreció como garantía del préstamo. Se produce así una gradual concentración de la riqueza en manos de quien detente el poder de crear y/o prestar el dinero. La segunda consecuencia indirecta es el aumento en los precios, que genera inflación, pues debe incluirse en el precio de venta de los productos, el valor de los intereses que deben pagarse por el dinero que se prestó para producir dichos bienes. La tercera es que se elimina la propiedad privada, pues todo ha de ser pagado varias veces (como denunció Santo Tomás), y aún habiéndose pagado el monto original de la deuda, no pagar los intereses conlleva a la pérdida del bien y a su reclamo por el acreedor.

Fue a partir de la revolución francesa que este infame sistema de robo legalizado se instauró gradualmente en casi todo el mundo. Al derrocar los regímenes jurídicos basados en la Escolástica, e inspirados en el Bien Común; al abolir los gobiernos basados en el respeto a la Ley Divina, e instaurar el liberalismo y el positivismo ateo, se logró amoldar las mentes de los pueblos según el criterio anticristiano de una minoría abyecta, cuya perversidad ha sido, y sigue siendo demostrada por la historia, y por la patética distribución de la riqueza en el mundo. La República, es decir, la res pública, la cosa pública organizada de acuerdo con la Ley de Dios, fue sustituida por la "dictadura del relativismo", denunciada por Su Santidad Benedicto XVI, en la que la moral es definida por la conveniencia del individuo, según las tendencias promovidas por pequeños, pero poderosísimos grupos de intereses. Actualmente los países que se rigen por la Ley Coránica son los únicos que prohíben tajantemente el cobro de intereses, y entregan a los depositantes de dinero en los bancos regalos anuales que representan los rendimientos de su capital, pero nunca más dinero, pues el dinero no se reproduce. La Iglesia Católica clandestina de China, sometida a la más feroz persecución por el tiránico régimen de ese país, es la única que prohíbe tajantemente a sus miembros el cobro de intereses.

Es necesario acabar con la "plaga de la usura", si los cristianos queremos solucionar el urgente problema de la pobreza en todo el mundo. Los intereses enriquecen ilícitamente a una pequeña minoría, mientras empobrecen hasta el total despojo a la inmensa mayoría. Y si a esto sumamos la creciente tendencia a eliminar el dinero en efectivo, de por sí escaso dadas las restricciones impuestas por el sistema financiero internacional, y el uso creciente del crédito financiero, nos encontramos ante la grave perspectiva de un mundo cada vez más sometido a los deseos de unos pocos detentadores de la creación del dinero, y habitado por miles de millones de esclavos que deben trabajar para vivir, y vivir para trabajar. 

Por eso Nuestro Señor denunció que el Templo había sido convertido en cueva de ladrones, porque los usureros, los que cobran cualquier tipo de interés, son ladrones. Y al desplazarlos con su justicia, se abrió paso su misericordia, para los más débiles.

1 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia No. 198 2 Cf.Ibid. 3 La Biblia Sacra Vulgatae Editionis (1723), aprobada por Sixto V y Clemente VIII, en el Capítulo XXI, v. 12 del Evangelio según San Mateo, dice textualmente: "Et intravit Jesus in Templum Dei, & ejiciebat omnes tendentes, & ementes in templo; et mensas numulariorum, & cátedras vedentium columbas evertit: 13. Et dicit eis: scriptum est: Domus mea Domus orationis vocabitur: vos antem fecistis illam speluncam latronum. 4 La Edición Plantiniana de la Vulgata Latina (1623) dice textualmente: "26. Serve male, & piger, sciebas quia meto ubi non femino, & congrego ubi non sparsi: 27. oportuit ergo te committere pecuniam meam numulariis & veniens ego recepissem utique quod deum est cum usura.". La expresión "numularijs) quiere decir cambistas o banqueros, es decir, con derecho a una banca en la cual se permite cambiar moneda, no hace referencia alguna a las instituciones bancarias modernas.  5  La Vulgata Bilingüe compilada por Scio de San Miguel (1815) coincide en esta apreciación del "Santo Angélico". 6 De Aquino, Santo Tomás. Catecismo Tomista: el Credo, el Padrenuestro, los Mandamientos – 1ª ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Vórtice, 2005. Traducido por Alfredo Sáenz.