El 13 de mayo de 2007, más de 500,000 fieles se reunieron en el Santuario de Fátima en Portugal para celebrar el 90 aniversario de las apariciones de la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos: Jacinta Marto de 7 años de edad, su hermano Francisco de 9 años y su prima Lucia Dos Santos de 10 años de edad. Tal como nuestra Señora lo predijo los dos primeros murieron muy jóvenes: Jacinta en 1920 a la edad de 9 años y Francisco en 1919 a los 11 años. En lo que respecta a Lucia, la Stma. Virgen Maria le dijo que ella tendría que quedarse "un poco más" en la tierra; Lucia entró en el Monasterio de las Carmelitas donde hiso los votos y murió a la edad de 97 años, un 13 de enero de 2005.
El Papa Benedicto XVI que se encontraba en Brazil en ese día, delegó al Cardenal Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio, para que le represente en Fátima para este aniversario y le escribió una carta muy especial:
« Hace noventa años, la Reina del cielo, de la Paz, para transmitirnos la ayuda Divina y la promesa de una segura esperanza de paz, se apareció en Fátima a tres asustadisos pastorcitos, mientras ellos cuidaban de su rebaño. Muchos fieles han recurrido a su auxilio y en sus variadas dificultades han solicitado su protección.
Nosotros recordamos muy bien la devoción especial y agradecida de nuestro Predecesor de buena memoria, quien hace 25 años agradeció en Fátima a la Virgen por el Milagro de salvar su vida e instó a todos los fieles a que pongan en práctica sus maternales pedidos y avisos. Por lo tanto, nosotros que ya visitamos ese santuario y que como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, estudiamos el mensaje confiado por la Bienaventurada Virgen María a los pastores, deseamos que propongas nuevamente a los fieles el valor de la oración del santo rosario como tambien de este mensaje, para que podamos obtener los favores y gracias que la Madre del Redentor prometió a la gente devota de su Inmaculado Corazón »
El 13 de mayo de 2000, el Papa Juan Pablo II estuvo presente en Fátima para presidir la Beatificación de Jacinta y Francisco Marto. A continuación extractos de su homilia:
"Yo te bendigo, Padre, (...) porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25). Con estas palabras, amados hermanos y hermanas, Jesús alaba los designios del Padre celestial; sabe que nadie puede ir a él si el Padre no lo atrae (cf. Jn 6, 44), por eso alaba este designio y lo acepta filialmente: "Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito" (Mt 11, 26). Has querido abrir el Reino a los pequeños.
Por designio divino, "una mujer vestida del sol" (Ap 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre. Les habla con voz y corazón de madre: los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose dispuesta a guiarlos con seguridad hasta Dios. Entonces, de sus manos maternas salió una luz que los penetró íntimamente, y se sintieron sumergidos en Dios, como cuando una persona -explican ellos- se contempla en un espejo.
Llamada a la Conversión
"Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón" (Ap 12, 3). Estas palabras de la primera lectura de la misa nos hacen pensar en la gran lucha que se libra entre el bien y el mal, pudiendo constatar cómo el hombre, al alejarse de Dios, no puede hallar la felicidad, sino que acaba por destruirse a sí mismo.
¡Cuántas víctimas durante el último siglo del segundo milenio! Vienen a la memoria los horrores de las dos guerras mundiales y de otras muchas en diversas partes del mundo, los campos de concentración y exterminio, los gulag, las limpiezas étnicas y las persecuciones, el terrorismo, los secuestros de personas, la droga y los atentados contra los hijos por nacer y contra la familia.
El mensaje de Fátima es una llamada a la conversión, alertando a la humanidad para que no siga el juego del "dragón", que, con su "cola", arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra (cf. Ap 12, 4). La meta última del hombre es el cielo, su verdadera casa, donde el Padre celestial, con su amor misericordioso, espera a todos.
Dios quiere que nadie se pierda; por eso, hace dos mil años, envió a la tierra a su Hijo, "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10). Él nos ha salvado con su muerte en la cruz; ¡que nadie haga vana esa cruz! Jesús murió y resucitó para ser "el primogénito entre muchos hermanos" (Rm 8, 29).
Con su solicitud materna, la santísima Virgen vino aquí, a Fátima, a pedir a los hombres que "no ofendieran más a Dios, nuestro Señor, que ya ha sido muy ofendido". Su dolor de madre la impulsa a hablar; está en juego el destino de sus hijos. Por eso pedía a los pastorcitos: "Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas".
El mensaje de Fátima
¿Cuál es el mensaje de Fátima? Oración, penitencia y conversión. En 1917 la Virgen María dio un secreto a los tres pastorcitos; la Hermana Lucía reveló las dos primeras partes en sus memorias en 1941 y la tercera parte del secreto fue revelada en Fátima el 13 de mayo de 2000 en la ceremonia de beatificación. A continuación lo que la hermana Lucía escribió:
Ahora bien, el secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos. La primera fue, pues, la visión del infierno.
"Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros."
Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor.
Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:
« Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz. »
Tercera parte del secreto
Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: " algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él " a un Obispo vestido de Blanco " hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ". También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.
