"Los hombres tienen una especial obligación de tender continuamente hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Vivir en la verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad, en efecto, es ordenada, fecunda y conforme a su dignidad de personas, cuando se funda en la verdad. Las personas y los grupos sociales cuanto más se esfuerzan por resolver los problemas sociales según la verdad, tanto más se alejan del arbitrio y se adecuan a las exigencias objetivas de la moralidad. Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla. Es una cuestión que afecta particularmente al mundo de la comunicación pública y al de la economía. En ellos, el uso sin escrúpulos del dinero plantea interrogantes cada vez más urgentes, que remiten necesariamente a una exigencia de transparencia y de honestidad en la actuación personal y social." CDSI 198

"Un sistema económico contra el que se debe luchar y reemplazar"

Precisamente, y en virtud de ese llamado a la transparencia y honestidad hago también referencia a un mensaje de S.E.R. Cardenal Saliege, Arzobispo de Toulouse (Francia), sobre el deber de los cristianos en nuestra sociedad: "Uno se olvida, uno no ve, no quiere ver que hay personas que viven en condiciones miserables, que hay personas mal alimentadas, que existen salarios insu-

ficientes, que hay países enteros que sufren de hambre. No es cristiano el pensar, y aún razón de más para decir: es su culpa...

"Durante mucho tiempo, el cristiano fue reconocido por el hecho de que él amaba y ayudaba a los pobres, en los que veía a Jesucristo -el hombre pobre por excelencia, que no tenía donde reclinar la cabeza.

"Un sistema económico que produce masas de pobres, de personas sin hogar, de hambrientos, debería motivar a cada cristiano a reconocer que es su deber el de luchar y reemplazarlo. "Una vez más, no debemos hacernos ilusiones: el cristiano que quiere llevar a cabo su deber es contradicho por otros cristianos que no entienden, no aceptan la doctrina del Evangelio y de los Papas, y por muchos ateos conservadores que trabajan o se benefician con el orden establecido."

Vivimos en una sociedad hipersensible al tema de las libertades, de los derechos humanos y la tolerancia..., pero ciega y embotada ante la injusticia social y la pobreza. Hemos conseguido (creemos) erradicar de nuestras sociedades cualquier indicio de intolerancia, de racismo, de totalitarismo. Pero la pobreza, el hambre, la injusticia y la desigualdad son una losa que contradice nuestros principios e ideales.

No hay un solo día de un hombre auténticamente cristiano donde no aletee la preocupación por el prójimo. ¿Verdad que comprendemos muy bien las impaciencias, las angustias y los deseos inquietos de quienes no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano? Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; tres cuartas partes de la población mundial que se muere de hambre, material y espiritual, bienes de la cultura encerrados en manos de coleccionistas privados. Y, fuera, hambre

de pan y de sabiduría. Este es el toque de atención que hay que dar a los que consideran la vida como hecha de egoísmos individualistas: Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor de Jesús.

Algunas notas relevantes

Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación entre ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza. He aquí algunos rasgos fundamentales del mundo moderno.

"El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.

"Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades. Así mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente más incierto que nunca de sí mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientación que ésta debe dar.

"Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus.

"Afectados por tan compleja situación, muchos de nuestros contemporáneos difícilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evolución del mundo. El curso de la historia presente es un desafío al hombre que le obliga a responder". Concilio Vaticano II. Constitución Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual.