Orientación
"Si el canto mueve los corazones, el canto a Dios los transforma, conduciéndolos lentamente a una unidad íntima con El". Nada debe ocurrir en el templo que dé motivo de disgusto o escándalo...
Creemos que la relación entre la música y la liturgia no ha sido una relación fácil en el pasado. Tampoco lo es en nuestros días. Las causas de los posibles conflictos y problemas pueden venir de una parte o de la otra. Primero, de los cultores de música sagrada cuando no tienen en cuenta el deber principal de la misma: la glorificación de Dios y la santificación de los fieles. En segundo lugar, de los liturgistas, cuando se olvidan que en la música sacra tienen un eficacísimo aliado.
Ya S. Pío X se refería a los primeros, reprendiéndolos: « Nada por consiguiente, debe ocurrir en el templo que turbe, ni siquiera disminuya la piedad y la devoción de los fieles (...) Ahora no vamos ha hablar uno por uno de los abusos que pueden ocurrir en esta materia.
Nuestra atención se fija hoy solamente en uno de los más generales (...) Tal es el abuso en todo lo concerniente al canto y a la música sagrados. Y en verdad, sea por la naturaleza de este arte, de suyo fluctuante y variable, o por la sucesiva alteración del gusto y las costumbres en el transcurso del tiempo, o por la influencia que ejerce el arte profano y teatral en el sagrado, o por el placer que directamente produce la música, y que no siempre puede contenerse fácilmente dentro de justos límites, o, en último término, por los muchos prejuicios que en esta materia insensiblemente penetran y luego tenazmente arraigan hasta en el ánimo de personas autorizadas y pías, el hecho es que se observa una tendencia pertinaz a apartarla de la recta norma, señalada por el fin con que el arte fue admitido al servicio del culto y expresada con bastante claridad en los cánones eclesiásticos... ».
Por otra parte están los liturgistas, o más precisamente los que se ocupan de pastoral litúrgica. Ellos en su afán legítimo de hacer comprender más la liturgia, pero sin tener en cuenta las reglas del arte musical, muchas veces impiden una auténtica y eficaz participación en la acción sagrada. De este error nos vamos a ocupar de modo más abundante, ya que -creemosse ha dado con mayor frecuencia en el período posconciliar. Por eso, hemos querido centrar nuestra investigación en el problema de la música y la participación en la liturgia; en otras palabras, hemos intentado analizar cómo debe ser y cuáles características tiene que poseer la expresión musical para ayudar efectivamente a la participación en los sagrados misterios.
No queriendo « correr en vano », vamos a consultar con mucha frecuencia el magisterio de la Iglesia, en especial los más recientes documentos. De modo tal que podemos presentar nuestro trabajo como un análisis del mismo en orden a la música sagrada y a la participación en la liturgia, y a su aplicación práctica desde el Concilio Vaticano II a nuestros días.
Así este tema se dividirá en varias secciones. En la primera, trataremos sobre los datos históricos del canto sagrado, luego sobre el tema de la participación en la liturgia retomando las enseñanzas de la Mediator Dei de Pío XII y de la Sacrosanctum Concilium. En la segunda, analizaremos los documentos del magisterio referidos a la música sacra y su aplicación práctica.
Datos históricos del Canto Sagrado
David organizó el ministerio de música en tres fases. Primero, él ordenó a los jefes de las familias Levitas que formaran una orquesta y un coro para acompañar el transporte del arca a su tienda en Jerusalén (1 Cron. 15:16-24).
La segunda fase ocurrió luego de que el arca había sido ubicada seguramente en su tienda en su palacio (2 Cron. 8:11). David hizo arreglos para que se tocase música coral en forma regular en el momento de las diarias ofrendas sobre el altar con coros en dos lugares diferentes (1 Cron 16:4-6, 37-42). Un coro actuaba bajo la dirección de Asaf frente al arca en Jerusalén (1 Cron 16:37), y el otro bajo la dirección de Hemán y Jedutún frente al altar en Gabaón (1 Cron 16:39-42).
La tercera fase en la organización que hizo David del ministerio musical ocurrió al final del reino de David cuando el rey planificó un servicio de música más detallado que se realizaría en el templo que Salomón construiría (1 Cron 23:2 a 26:32). David estableció un grupo de 4,000 Levitas como actores potenciales (1 Cron 15:16; 23:5). De este grupo él formó un coro profesional de Levitas de 288 miembros. Los músicos Levitas sumaron más del diez por ciento de los 38.000 Levitas. "Algún tipo de examen probablemente fue necesario para el proceso de selección, ya que la habilidad musical no siempre se hereda".
El propio David estaba involucrado junto con sus oficiales en el nombramiento de veinticuatro líderes de los vigilantes, cada uno de los cuales tenía doce músicos haciendo un total de 288 músicos (1 Cron 25:1-7). Éstos por turnos eran responsables por el resto de la selección de los músicos.
La biblia menciona al menos 200 veces el cantar al Señor, poniendo a la música en un lugar importante. Los salmos, además de ser cantos, son oraciones del pueblo de Israel. Al cantar, el pueblo de Israel oraba, alababa....
El canto es una llave del corazón
"El canto del Salmo rehace las amistades, reúne a los que estaban separados, vuelve amigos a los que estaban mutuamente enemistados. Pues, ¿Quién es capaz de considerar todavía como enemigo a aquel con quién ha elevado una misma voz hacia Dios?. Por tanto, el canto de los Salmos nos procura el mayor los bienes, la caridad, ya que facilita algún pensamiento o algún vínculo para realizar la concordia y reúne al pueblo en la sinfonía de un mismo coro". (San Basilio, Homilía In psal. 1,2)
¿Cuál es la diferencia entre los términos "música sacra" y "música litúrgica"?
Ambos términos "música sacra" y música litúrgica" se refieren a la música utilizada dentro de la liturgia. Lo que estos dos términos diferentes indican es el cambio en la forma en que la iglesia se refería a la música para la liturgia antes del Concilio Vaticano Segundo y como se refiere después de éste. (Beato Juan Pablo II).
Durante los primeros tres siglos de la iglesia, los líderes de la iglesia enseñaban que la
música es sirviente de la religión. La música para la liturgia era llamada "música sacra." La música era sacra sólo cuando ésta abría las mentes de los creyentes a las enseñanzas cristianas y preparaba sus corazones para la vivencia de lo sagrado. Es por esto que la música instrumental estaba prohibida en las iglesias, pues al carecer ésta de un texto de reflexión, no podía convertir los corazones de los creyentes. (Beato Juan Pablo II).
Cuando la iglesia se estableció en Roma, entre los siglos seis y nueve, definió como sagrada la música que se utilizaba en la liturgia y como profana la música popular. Con la ayuda de investigaciones y recursos de los Benedictinos, el Papa Gregorio I organizó la liturgia en el siglo sexto, asignando cantos propios a los textos de la liturgia durante el año litúrgico. (Beato Juan Pablo II).
"Cantar es orar dos veces"
Tradicionalmente la frase "Cantar es orar dos veces" se le ha atribuido a San Agustín de Hipona, aunque ésta no aparece en sus escritos. Lo que sí aparece es: "Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no solo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor", lo que seguramente se resumió en la frase anterior.
Cantos Litúrgicos en la celebración de la Eucaristía
"Teniendo en cuenta el carácter propio de la Misa dominical y la importancia que tiene para la vida de los fieles, se ha de preparar el canto con especial esmero. En las formas sugeridas por la prudencia pastoral y las costumbres locales, de acuerdo con las normas litúrgicas, es preciso dar a la celebración el carácter festivo correspondiente al día en que se conmemora la Resurrección del Señor. A este respecto, es importante prestar atención al canto de la asamblea, porque es particularmente adecuado para expresar la alegría del corazón, pone de relieve la solemnidad y favorece la participación de la única fe y del mismo amor. Por ello, se debe favorecer su calidad, tanto por lo que se refiere a los textos, como a la melodía, para que lo que se propone hoy como nuevo y creativo, sea conforme con las disposiciones litúrgicas y digno de la tradición eclesial, que tiene, en materia de música sacra, un patrimonio de valor inestimable". (Juan Pablo II, Dies Domini N° 50).
Cantar la misa, no es "cantar en la misa"
En la Celebración Eucarística existen varias preferencias de canto, las que confieren mayor o menor solemnidad de acuerdo a la posibilidad de participación del celebrante, de la asamblea,
del solista y del coro. En la Liturgia existen oraciones y lecturas establecidas para todos los días del año. Esto significa que hay que captar el mensaje que la Iglesia ofrece al pueblo para su alimento espiritual. El sacerdote puede ser que se proponga un objetivo que lograr en la celebración. El canto entonces será un medio de apoyo muy valioso. La Liturgia tiene textos fijos universales que no se pueden alterar. De esto debe preocuparse, para su ejecución, en primer lugar el Ministerio del canto, el coro y la asamblea, pues, no "cantan en la misa", (algunos incluso dicen "amenizar la misa"), sino que "cantan la misa", es decir que se deben cantar los textos indicados por el misal revistiéndolos con una forma musical que haga inteligible y pletórica la Palabra... "El canto es una palabra cantada".



