Todas las personas que practican diferentes formas de ocultismo, voluntariamente se están volviendo esclavas de los espíritus malignos. Resulta especialmente peligroso recurrir a los servicios de cualquier género de bioenergoterapeutas, curanderos o a cualquier forma de terapia paranormal.

¿Por qué ocurre esto? Los diferentes géneros de ejercicios y técnicas de meditación orientales generan el aumento de la energía kundalini, lo cual provoca que en el hombre se abran los denominados chakras. Esto, a su vez, contribuye a establecer contacto con energías de origen maligno. Mediante los chakras, que son centros de energía, el hombre se entrega a la dominación de un poder espiritual maligno, el que también puede valerse, para el mismo fin, de múltiples prácticas ocultistas.

Nacido en Bélgica, el padre Jacques-Maria Verlinde renegó de Jesucristo y de todo lo que tuviera que ver con la práctica de la religión católica cuando tenía 17 años. Al terminar la carrera y escribir su tesis doctoral sobre Física Nuclear se marchó a la India. Pasó allí cuatro años, donde se dedicó a practicar en los áshram hindúes diferentes técnicas de meditación, ejercicios de yoga y a recitar mantras; todo ello con el objetivo de abrirse a la experiencia de Dios. Sin embargo, no encontró allí lo que buscaba. Así recuerda el padre Verlinde sus particulares vivencias durante su estancia en la India: « Durante esas largas meditaciones, muchas veces me pasaba que en el momento de salir de ese estado específico veía interiormente esta imagen: el rostro de una mujer bella que al mismo tiempo estaba muy triste y me miraba con gran compasión. Cada vez estaba más extrañado y le pregunté: "¿Quién eres?". Siempre que le planteaba esa pregunta, las lágrimas fluían por su rostro y entonces ella desaparecía. Después de mi conversión, cuando pensaba en esa experiencia, sentía con fuerza que se trataba de nuestra Madre Santísima, que estaba intentando mandarme una señal. La señal de una Madre que sufre, que ve cómo se marcha su hijo y se extravía, pero Ella respeta su libertad y puede ofrecerle sólo sus lágrimas. Cuando fui por primera vez a Polonia en 1995, ya como sacerdote, me detuve en el santuario de Nuestra Señora de Czestochowa. Qué grande fue mi sorpresa cuando durante la celebración de la Eucaristía, cuando me encontraba justo delante del icono de la Virgen, reconocí el rostro de la mujer que acudía a mí para encontrarse conmigo allí, en la India ».

Cuando J. Verlinde regresó de la India, como resultado de haber practicado yoga y de sus largas meditaciones tuvo una apertura múltiple de chakras. De esto se dieron cuenta los radiestesistas, quienes le animaron a usar esos poderes milagrosos para el bien del prójimo: para sanar enfermos. Verlinde no sabía todavía entonces que eso es algo malo. Comenzó, pues, a diagnosticar con la ayuda de un péndulo. Veía con claridad la enfermedad en las personas que examinaba. Tenía el don de clarividencia, que constituye una forma extrasensorial de conocimiento, algo del estilo de la visión espiritual. El ser humano conoce normalmente a través de sus sentidos; sin embargo, los espíritus puros— los ángeles o los demonios—lo hacen de forma directa y al instante. Verlinde descubrió asimismo que podía curar por el tacto. Creía que se trataba de un don divino, mediante el cual iba a poder hacer el bien a la gente. Sólo a partir de cierto momento le quedó claro que las personas que se valen del ocultismo consiguen su conocimiento porque se lo transmiten los demonios, pero no los ángeles.

Recién convertido, rezaba a diario el Rosario y asistía a Misa. Durante una curación se dio cuenta de que estaba siendo dirigido, a través de una voz interior, por un ser espiritual y misterioso. Experimentó de este modo las facultades de un médium, o sea, la acción de un espíritu maligno que se estaba valiendo de él. Este hecho intranquilizó bastante a J. Verlinde, sin embargo las personas que como él practicaban la curación a través del ocultismo, le tranquilizaron diciéndole que se trataba de un espíritu amistoso y sanador.

No obstante, cuando Verlinde estaba en Misa, durante la consagración, ese espíritu "seudoamistoso" se puso a blasfemar horriblemente. Esto supuso para Verlinde una señal evidente de que se las estaba viendo con un espíritu maligno. Para liberarse de él tuvo que someterse a toda una serie de oraciones con un sacerdote exorcista.Tras liberarse del espíritu maligno, al instante perdió todas sus capacidades de curación y de reconocimiento de enfermedades. Esto fue para él un signo claro de que las curaciones que había estado realizando no provenían de Dios.

Más tarde, J. Verlinde, junto con un grupo de científicos de la Universidad de Lyon, realizó un estudio de gente que había sido curada mediante terapias ocultistas. El resultado fue que se trataba de curaciones aparentes, porque en esas personas se había producido el traslado de los síntomas de la enfermedad hacia otras partes del cuerpo. Y de este modo, por ejemplo, si voy a un bioenergoterapeuta o a cualquier otro curandero con un dolor en la pierna, entonces tras su terapia realmente la pierna deja de dolerme, pero algunas semanas más tarde comienza a dolerme el brazo. Entonces la siguiente visita produce que desaparezca igualmente ese dolor; sin embargo, al cabo del tiempo comienza a dolerme la cabeza y así sucesivamente. De este modo comienza ese círculo vicioso de dependencia y esclavitud por las fuerzas del mal.

Hay que recordar que la práctica del ocultismo en cualquiera de sus formas está ocasionando que el hombre sea dirigido y manipulado por espíritus malignos, y las consecuencias de esto son trágicas. Sobrevienen graves trastornos y sufrimientos en las esferas física, psíquica y espiritual, provocados por la acción de las fuerzas del mal. Surgen ideas suicidas y blasfemas, aversión contra la oración y los sacramentos, tristeza, depresión, diversas obsesiones, influencia diabólica y a veces se llega incluso a la posesión.

Cada persona que practica el ocultismo, que recurre a los servicios de los bioenergoterapetuas, videntes, magos, santeros o a cualquier técnica ocultista— incluso cuando no es consciente de ello— se está exponiendo a la acción de los espíritus malignos, que se están valiendo de ella y la están esclavizando. Cuando lo hace de modo consciente, está quebrantando el primer Mandamiento y cometiendo uno de los pecados más graves. El carisma de curación que el Señor concede a algunas personas en la Iglesia constituye algo completamente diferente a las curaciones ocultistas. El carisma de curación en la Iglesia está unido a la acción del Espíritu Santo, que revela la victoria última de Jesucristo sobre Satanás, sobre el pecado y la muerte. Su fruto es una experiencia espiritual de alegría, de paz y de libertad, porque en primer lugar está la curación espiritual por la unión con Dios y la total sumisión a su voluntad, y si se produce la curación física, constituye una señal de la curación espiritual.

Lo más importante es la curación espiritual, que se lleva a cabo mediante la ruptura con el pecado y la unión con Dios. Precisamente en el sacramento de la Penitencia, durante ese encuentro con Dios que es amor y la misericordia misma, se producen « los milagros más grandes y se repiten incesantemente » — le dice Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina. « Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. […] ¡Oh, infelices, que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia!; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde » (Diario […] 1448).

Uno de los pecados más graves

El ocultismo es la religión de Satanás. La práctica de sus diferentes formas constituye uno de los pecados más graves, puesto que se trata del rechazo del primer Mandamiento del Decálogo. Dentro del ocultismo se cuentan entre otros: la curación por medio de la bioenergoterapia, la radiestesia, los conjuros mágicos, el espiritismo, el empleo de la hipnosis y de los estados de trance para diagnosticar o curar, así como la curandería, la santería, la adivinación, la astrología, la videncia, la quiromancia, el tarot u otros métodos para adivinar el futuro, las artes marciales, la meditación oriental, el yoga, la fe en los horóscopos, los amuletos, el anillo Atlante, etc.

Mientras más se agudiza la ignorancia religiosa, se debilita la fe, desaparecen la oración y la frecuencia de los sacramentos, tanto más la gente comienza a tender hacia la fe en diversas supersticiones y el ocultismo. Aquellos que rompen sus vínculos de fe y amor con Dios, creen que ellos mismos van a encontrar la plena felicidad en la riqueza, el placer, el poder y la salud. Para realizar estos fines recurren a diferentes formas de ocultismo, para valerse de fuerzas misteriosas e inmateriales. Por eso recurren a adivinos, videntes, astrólogos, bioenergoterapeutas, hechiceros; o emplean diversas técnicas de meditación y yoga, etc., para ver realizados sus planes y deseos. Con la ayuda de diferentes amuletos, talismanes, gestos, fórmulas o rituales aspiran a conseguir un poder extraordinario para defenderse frente a una enfermedad, contra la mala suerte, para tener dominada la realidad que les rodea y satisfacer todos sus deseos egoístas.

Al practicar diferentes formas de ocultismo, el hombre se está apartando del único Dios verdadero, que es la felicidad absoluta, y se está abriendo a poderes ocultos y diabólicos, con el ilusorio convencimiento de que precisamente esos poderes le van a conceder la felicidad que tanto ansía. La consecuencia de esta actitud es la esclavitud por las fuerzas del mal hasta la posesión diabólica inclusive.

Son múltiples los casos de personas que incluso por una única visita a algún bioenergoterapeuta, adivino o vidente, padecieron constantes dolores de cabeza, estados de ansiedad y depresiones, insomnio y malestar espiritual.

El único remedio eficaz de curación, de liberación de las influencias maléficas de Satanás es someterse a la terapia que nos ofrece gratis Jesucristo. En primer lugar, debes comenzar por una confesión sincera y una oración más intensa, para que Jesús rompa todos los vínculos que te están uniendo con los espíritus malignos, y que estableciste mediante las prácticas ocultistas. Si fuera posible, hay que acudir a diario a la Eucaristía y recibir la Sagrada Comunión, ofrecerle a Jesús todos tus sufrimientos espirituales y físicos, consagrarte al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María, rezar el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia, y hacer la lectura del Evangelio.

Para liberarte de esa esclavitud de las fuerzas del mal y sanarte de todas tus heridas espirituales necesitas tiempo, por eso tienes que armarte de paciencia para cargar con tus sufrimientos. Entonces esta difícil situación en la cual te encuentras, se convertirá para ti en una bendición y en un intenso camino de madurez hacia la santidad. Confiando sin límites en Jesús, con toda seguridad alcanzarás la victoria.

A las personas que estén deseando liberarse de la influencia del demonio y quieran romper con las prácticas de ocultismo, les proponemos que recen tres veces la siguiente oración:

« Señor Jesús, Te pido perdón

por el pecado de haber

recurrido a… [aquí hay que

especificar concretamente

de qué pecado se trata, por ejemplo: a sesiones

de espiritismo, a péndulos de

radiestesia, al tarot, a los

horóscopos, a la adivinación del futuro, a la videncia, a la

quiromancia, al yoga; a los

servicios de bioenergoterapeutas, de adivinos, de astrólogos, de santeros, etc.].

Renuncio a toda práctica de ocultismo y confieso que sólo Tú eres el Señor de mi vida ».

Después repite tres veces: « Renuncio a ti, Satanás,

y a todas tus obras en mi vida.

En el nombre de Jesús te ordeno que dejes de tener influencia sobre mi vida.

¡Amén! ».