por Louis Even
La seguridad económica es la garantía del pan de cada día. No solamente significa tener con qué vivir hoy, sino también verse libre de la preocupación por el mañana.
Es la garantía de tener pan mientras haya suficiente trigo para hacer suficiente pan. Y esto se extiende a las demás cosas que satisfacen las otras necesidades normales de la vida.
Sin privar a nadie
La producción moderna, al menos en nuestros países desarrollados, es lo bastante abundante para que todos puedan recibir una parte sin privar a nadie. Esto es ciertamente así, por lo menos, en cuanto a las necesidades vitales: alimento, vivienda y vestido.
No hay necesidad alguna de quitarles a los ricos para darles a los pobres, por lo menos en lo que respecta al alimento, la vivienda, el vestido y muchas otras cosas que el país ofrece en abundancia y que podría producir en cantidades aún mayores si los productos se vendieran en vez de acumularse.
El mayor Douglas, fundador de la escuela del Crédito Social, lo escribió muchas veces y lo repitió en su testimonio ante el Comité Permanente parlamentario de Banca y Comercio, en Ottawa, el 17 de abril de 1934:
« Actualmente, la riqueza existe, potencial o realmente. Tenemos un excedente, pero no sabemos ponerlo a disposición de quienes lo necesitan. Mi sistema no consiste en privar a ciertas personas de su riqueza para dársela a los pobres. Ese sería el otro método (el de los impuestos o el socialismo). Si ustedes no aceptan mi teoría, deben favorecer la otra, según la cual, cuando el poder adquisitivo es insuficiente, el único remedio consiste en quitarles su riqueza a los ricos. Esa no es mi teoría. Sostengo que existe abundancia de riqueza y que, por consiguiente, no necesitamos quitarle sus bienes a nadie. Se puede monetizar la riqueza existente para entregarla a quienes la necesitan ».
Es evidente que los ricos no pueden consumir por sí solos todos los alimentos del país; no pueden usar toda la ropa del país; no pueden habitar todas las viviendas existentes, y mucho menos todas las que podrían construirse si no se dejara inactiva la mano de obra o si no se la destinara a una producción suntuaria, inútil o incluso perjudicial.
Defecto del sistema financiero
El mal proviene de que el sistema financiero no está adaptado para distribuir esta abundancia ni para repartirla entre todas las personas. Hace mucho tiempo que el mundo superó el simple trueque de mercancías entre los distintos productores. El dinero fue inventado precisamente para permitir fraccionar el derecho a los productos: se recibe dinero por la venta de un artículo, grande o pequeño, y ese dinero se utiliza para elegir en el mercado los productos, grandes o pequeños, que se prefieran.
Pero hoy más de la mitad de la población no recibe dinero alguno de la producción y, aun así, necesita vivir y tiene derecho a la vida; por lo tanto, desde el punto de vista filosófico y social, tiene derecho a obtener una parte de los productos. Además, la producción se realiza cada vez con menos trabajo humano y cada vez más mediante máquinas y procedimientos técnicos perfeccionados, fruto del progreso de las generaciones y bien común de la generación presente.
Sin embargo, el sistema financiero no está adaptado a esta situación. Continúa distribuyendo medios de pago únicamente a la parte de la población que participa activamente en el proceso de producción.
Ante el Comité de Banca y Comercio, en Ottawa, el 17 de abril de 1934, se pidió al señor Douglas que expusiera brevemente su concepto de la razón de ser del sistema financiero. Douglas respondió:
« No tengo duda alguna acerca de la razón de ser actual del sistema financiero: existe para beneficio del sistema financiero. Pero si ustedes quieren decir cuál debería ser su función, mi opinión es que debería servir, en primer lugar, para reflejar el sistema de producción, el sistema que produce la riqueza; y, en segundo lugar, debería convertirse, bajo la dirección de una alta política, en un mecanismo de distribución de la riqueza cuya contabilidad lleva.
« La esencia de un buen sistema financiero consiste, en primer lugar, en ser un sistema de contabilidad y, en segundo lugar, un sistema de distribución.
« Las condiciones que afectan la distribución pertenecen claramente a la alta política.
« En la actualidad, el sistema financiero lleva mal la contabilidad de la riqueza del país y funciona de manera muy irregular como sistema de distribución ».
Poder adquisitivo para todos
Para ser un buen sistema de distribución, el sistema financiero debe proporcionar poder adquisitivo a todas las personas, a todos los consumidores. La producción, por lo demás, está destinada al consumo; sufre precisamente porque no llega, o llega de manera deficiente, a los consumidores que la necesitan.
Todos los consumidores, todos los ciudadanos, tienen también derecho a una parte de la riqueza. Lo tienen en calidad de seres vivos, con derecho a la vida. Conviene recordar las palabras de Pío XII, retomadas por Juan XXIII:
« Los bienes creados por Dios fueron destinados a todos los hombres y deben estar a disposición de todos, conforme a los principios de la justicia y la caridad.
« Todo hombre, por ser un ser dotado de razón, recibe de la naturaleza misma el derecho fundamental de usar los bienes materiales de la tierra, aunque corresponda a la voluntad humana y a las formas jurídicas de los pueblos regular más detalladamente la realización práctica de este derecho ».
Regular la realización práctica de este derecho de todos y de cada uno a una parte de los bienes de la tierra es lo que Douglas llama « la alta política ». El primer deber de todo gobierno digno de ese nombre es garantizar esa realización de una manera que no olvide ni rebaje a nadie, y que respete la libertad y la dignidad de la persona.
El Crédito Social lo propone. No se limita a un poder adquisitivo globalmente igual al precio total de la producción. Ese total podría reflejar el sistema de producción, pero no garantizaría por sí solo la distribución a todos; le faltaría un importante carácter social. El Crédito Social también propone un dividendo periódico para cada persona, vinculado únicamente a su condición de persona. Este es el carácter verdaderamente social del auténtico sistema del Crédito Social. Quien rechaza el dividendo para todos puede ser un reformador monetario, pero ciertamente no es un partidario del Crédito Social; más bien sería socialista.
El Crédito Social no humilla a nadie. No investiga los medios de subsistencia para decidir a quién distribuir el poder adquisitivo que falta. Considera a cada persona como capitalista, coheredera de las generaciones anteriores y copropietaria del progreso, el principal factor moderno de la producción.
El Crédito Social siempre pone el acento en la persona. Si se ocupa del grupo o de la asociación, es para recordar que el grupo existe para las personas que lo componen y que la asociación debe distribuir entre todos sus miembros el enriquecimiento derivado de su asociación.
Lamentablemente, esto se olvida. Y se olvida aún más a medida que las personas se dejan adoctrinar por la ideología socialista, el colectivismo, la burocracia que convierte a las personas en números y el estatismo que se inmiscuye en todas partes y pretende planificarlo todo, incluso la vida de las personas. Cada persona y cada familia pueden elaborar mejor sus propios planes y señalar por sí mismas a la producción lo que debe hacer. El poder adquisitivo de cada persona, en la medida en que lo posee, le permite, mediante sus compras, dar órdenes y orientar la producción.
La seguridad económica de cada persona producirá la seguridad económica del conjunto. En cambio, la pretendida seguridad económica global, aun cuando se la denomine prosperidad general, no satisface necesariamente las necesidades de cada persona, ni siquiera con todo lo que el gobierno pueda remendar en materia de « seguridad social ».
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Terminemos con algunas otras frases de Douglas, tomadas de una conferencia que pronunció en Newcastle-on-Tyne el 9 de marzo de 1937:
« Todos necesitamos alimento, vestido y vivienda. Podemos y debemos combinar nuestros recursos para proveer estas necesidades, como condición previa a cualquier intento de combinarlos para cualquier otro propósito.
« El primer acto de un gobierno, en un mundo sano, debería ser asegurarse de que la máxima medida común de la voluntad de la población, de la cual el gobierno deriva o debería derivar su autoridad, sea disponer de suficiente dinero para una subsistencia digna ».
Douglas sigue siendo un maestro, no solamente en economía, sino también en materia social, al menos en lo que se refiere a la distribución de la riqueza. Es asimismo un maestro en política, pues sabe recordar al pueblo que debe exigir resultados y no perderse en discusiones sobre los medios, olvidando el fin.



