Gran Dios, a este sitio bajas del alto cielo, vienes a revelarnos cómo alcanzar la dicha; pero ninguno quiere aprender tus lecciones. ¡Que! ¿Todos te abandonan? ¡Perdón, Señor, perdón!

Presentamos a ustedes un relato del Nacimiento de Jesús entregados por el Cielo a tres místicos en distintas épocas y lugares: 

Visiones de Luisa Piccarreta, Italia, 1900

Visiones de Anna Catalina Emmerich, Alemania, 1820

Relato al Padre Steffano Gobbi, Italia, 1995

SÍNTESIS DE LOS RELATOS

El primer relato es el de Luisa Piccarreta, la mística italiana que desde el pueblo de Corato vivió una vida plena de fenómenos místicos y revelaciones de Jesús. La misión de Luisa gira en torno al misterio de la Divina Voluntad de Dios. El FIAT Divino, puesto en boca de Luisa, adquiere una sabiduría que no es de los hombres, sino del mismo Creador. En este caso, recogemos revelaciones que Luisa recibe sobre el Nacimiento de nuestro Señor y de la visita de los Reyes. En un lenguaje pleno de significado espiritual, encontremos en estas palabras inspiradas un camino a la comprensión del misterio de la Venida de Dios, hecho Hombre, a nuestro mundo.

El siguiente relato de la Navidad de Jesús corresponde a Anna Catalina Emmerich, que nació en Alemania en 1774. Esta Religiosa, desde el 29 de diciembre de 1812 hasta el 9 de febrero de 1824, día de su muerte, llevó en su cuerpo los estigmas de Jesús. Anna tuvo también revelaciones y visiones sobre la vida de Cristo, de la Virgen María y del futuro de la humanidad. Pablo VI aprobó, el 18 de mayo de 1973, el decreto de reanudación del proceso de beatificación de la Hermana Ana Catalina Emmerich, que se materializó en octubre de 2004. En el texto que presentamos, Anna realiza un relato detallado del Nacimiento del Hijo de Dios, que se asemeja a un pesebre viviente descrito por una persona que lo vio desde la primera fila, ¡como ocurrió en realidad!.

En tercer término presentamos un mensaje entregado por la Virgen María al Padre Steffano Gobbi. Este sacerdote reflejó en su libro denominado "A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen" todos los mensajes que la Madre de Dios le reveló a lo largo de 24 años de su vida, finalizando en el año 1997. Su obra cúlmine, comandada por María, es la creación del Movimiento Sacerdotal Mariano, que bajo la consigna de la Consagración total al Corazón Inmaculado de María reúne a decenas de miles de sacerdotes alrededor del mundo. En esta descripción del nacimiento de Jesús, la propia Virgen María nos refleja el amor que Ella siempre sintió por el Padre Celestial, a la vez que nos recuerda el abandono que hace el mundo actual del mayor regalo que hemos recibido: ¡la venida de Cristo!

El Nacimiento  de  JESÚS,  por  Luisa  Piccarreta

 El prodigio del Nacimiento de Jesús.  Luisa es llamada a recibir a Jesús después de la Madre.

Finalidad de la Cruz de Jesús desde su Encarnación y su Nacimiento.

25 de Diciembre de 1900

Encontrándome en mi habitual estado, me he sentido fuera de mí misma. Después de dar una vuelta me he hallado dentro de una cueva y he visto a la Mamá Reina, en el acto de dar a luz al Niño Jesús. ¡Qué extraordinario prodigio! Me parecía que tanto la Madre cuanto el Hijo se hubieran transformado en luz purísima, pero en esa luz se veía muy bien la naturaleza humana de Jesús, que contenía en sí a la Divinidad y le servía como de velo para cubrirla, de tal modo que, rasgando el velo de su naturaleza humana era Dios y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios: Dios y hombre, hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros tomando carne humana, porque el verdadero amor no permite jamás separación.

Pues bien, me ha parecido que la Madre y el Hijo en aquel felicísimo instante se han vuelto como espiritualizados, y sin la menor dificultad Jesús ha salido del seno de su Madre. Desbordándose Ambos en un exceso de amor, o sea, transformándose en Luz sus santísimos cuerpos, sin el menor obstáculo, Jesús Luz ha brotado de dentro de la luz de la Madre, quedando sanos e íntegros tanto El como Ella, volviendo después al estado natural. ¿Pero quién podrá decir la hermosura del Niño, que en aquel momento de su nacimiento derramaba aun externamente los rayos de su Divinidad? ¿Quién podrá describir la belleza de la Madre, que quedaba toda absorbida en aquellos rayos divinos?

¿Y San José? Me pareció que no estaba presente en el momento del Nacimiento, sino que estaba en otro rincón de la cueva, totalmente absorto en aquel profundo Misterio, y aunque no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba arrebatado en sublime éxtasis.

Ahora bien, en el acto que el Niño salió a la luz, yo hubiera querido volar para tomarlo en mis brazos, pero los Ángeles me lo impidieron, diciéndome que a la Madre le correspondía el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Stma. Virgen, como despertándose, ha vuelto en sí y de manos de un Ángel ha recibido al Hijo entre sus brazos, lo ha estrechado tan fuerte en el ardor de su amor, que parecía como si quisiera encerrarlo de nuevo en sus entrañas; y luego, como queriendo dar desahogo a su ardiente amor, lo ha puesto a mamar a su pecho. Entre tanto, yo estaba toda anonadada, esperando que me llamara, para que los Ángeles no volvieran a regañarme. Entonces la Reina me ha dicho: "Ven, ven y toma a tu Amado y disfrútalo tú también, desahoga con El tu amor".

Diciendo esto, me he acercado y la Mamá me lo ha puesto en brazos. ¿Quién podrá decir mi contento, los besos, las caricias, las ternuras? Después de haberme desahogado un poco, Le he dicho: "Querido mío, Tú has tomado la leche de nuestra Mamá, dame a mí un poco".

Y El, consintiendo, de su boca ha derramado parte de esa leche en la mía y después me ha dicho: "Amada mía, Yo fui concebido junto con el dolor, nací al dolor y morí en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron dejé clavadas las tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad, de las almas que desean amarme, haciendo que quedasen atraídas del todo a Mí, porque la culpa las había hecho estar enfermas y separadas da su Creador, sin freno alguno".

Mientras esto decía, ha dirigido una mirada al mundo y ha empezado a llorar por sus miserias. Al verle llorar, Le he dicho: "Niño querido, no entristezcas con tu llanto una noche tan gozosa para quien Te ama. En vez de desahogar el llanto, desahoguémonos con el canto".

Y diciendo así, he empezado a cantar; oyéndome cantar, Jesús se ha distraído y ha dejado de llorar, y al acabar mi verso ha cantado el suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las otras voces desaparecían ante su voz dulcísima. Después le he pedido al Niño Jesús por mi Confesor, por los que me pertenecen y, por último, por todos, y El parecía condescender a todo. Mientras hacía esto, ha desaparecido y yo he vuelto en mí.

Para María y José fue un prodigio poder vivir la vida normal, a  pesar  del  continuo  arrobo  que  el  Niño  les  producía. Viendo de nuevo al santo Niño,  veía a la Reina Madre por un lado y a San José por otro, que estaban adorando profundamente al Niño divino. Estando totalmente atentos a El, me parecía que la continua presencia del Niñito los tenía absortos en éxtasis continuo, y si hacían cualquier cosa, era un prodigio que el Señor realizaba en ellos; de lo contrario hubieran quedado inmóviles, sin poder cumplir con sus deberes exteriormente. Yo también he hecho mi adoración y me he hallado en mí misma.

La adoración de los Reyes Magos: Jesús se comunicó a ellos con amor, con belleza y con potencia, y así obtuvo tres efectos.  Luisa quiere ser la primera en el amor a Jesús. 

6 de Enero de 1901

Hallándome fuera de mí misma, me parecía ver cuando los santos reyes Magos llegaron a la cueva de Belén. Apenas estuvieron en presencia del Niño, tuvo a bien hacer que externamente resplandecieran los rayos de su Divinidad, comunicándose a los Magos de tres maneras: con el amor, con la belleza y con la potencia, de forma que quedaron arrebatados y sumidos en la presencia del Niño Jesús, tanto que si el Señor no hubiera retirado otra vez interiormente los rayos de su Divinidad, se hubieran quedado allí para siempre, sin poderse mover más. Así que, apenas el Niño retiró su Divinidad, volviendo en sí los santos reyes Magos, se sacudieron estupefactos al ver un exceso de amor tan grande, porque en esa luz el Señor les hizo comprender el misterio de la Encarnación. Se levantaron, pues, y ofrecieron sus dones a la Reina Madre y Ella les habló largamente, pero no sé decir todo lo que les dijo; sólo recuerdo que les inculcó fuertemente, no sólo su salvación, sino que tuvieran muy en el corazón la salvación de sus pueblos, sin miedo de exponer incluso la vida con tal de obtenerla.

Después de eso me he retirado dentro de mí misma y me he encontrado junto con Jesús, y quería que yo Le dijese algo, pero yo me veía ser tan mala y confusa, que no me atrevía a decirle nada; pero viendo que yo no Le decía nada, El mismo ha vuelto a hablar de los santos Magos, diciéndome: "Con haberme comunicado a los Magos de tres maneras, obtuve tres efectos para ellos, pues nunca Me comunico a las almas inútilmente, sino que siempre reciben algún provecho. Por tanto, comunicándome con el amor obtuvieron el desapego de sí mismos, con la belleza obtuvieron el desprecio de las cosas terrenas, y con la potencia sus corazones quedaron completamente vinculados a Mí y obtuvieron el valor para dar la sangre y la vida por Mí".

Luego ha añadido: "¿Y tú, qué quieres? Dime, ¿Me quieres? ¿Cómo quisieras amarme?"

No sabiendo qué decir, aumentando mi confusión, he dicho: "Señor, no quisiera nada más que a Ti, y si me preguntas si Te quiero, no tengo palabras para sabértelo manifestar; tan sólo sé decir que siento esta pasión, de querer que nadie pudiera superarme en amarte, de ser yo la primera en amarte más que nadie y que nadie Te amara más que yo; pero eso aún no me satisface, para sentirme contenta Te quisiera amar con tu mismo Amor y así poderte amar como Tú Te amas a Ti mismo. Ah, sí, sólo entonces cesarían mis temores de no amarte".

Y Jesús, contento, se puede decir, de mis disparates, me ha abrazado, estrechándome tanto a El, que me veía dentro y fuera trasformada en El, y me ha comunicado parte de su Amor. Después de lo cual he vuelto en mí misma y me parecía que en la medida del amor que se me da, tanto poseo a mi Bien; y si poco Lo amo, poco Lo poseo.

Relato del Nacimiento de Jesús narrado por la Stma. Virgen al Padre Gobbi

Del libro "A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen". (Dongo, Lago di Como, mensaje del 24 de diciembre de 1995).

EL AMOR MISERICORDIOSO

"Hijos predilectos, vivid Conmigo en el silencio y en la oración la anhelante hora de la vigilia. Caminad con mi castísimo esposo José y con vuestra Madre Celeste por el largo camino, que de Nazaret nos conduce a Belén.

Sentid también vosotros la fatiga del viaje, el cansancio que se apodera de nosotros, la confianza que nos guía, la oración que acompaña cada paso, mientras una felicidad sobrehumana llena nuestros corazones, unidos ahora en comunión perfecta con el corazón del Padre Celeste, que está a punto de abrirse al don de su Hijo Unigénito.

No nos turba el rumor de la numerosa caravana, ni el desconsuelo se apodera de nosotros al ver que todas las puertas se cierran a nuestra petición de ser acogidos. La mano piadosa  de un pastor nos indica una pobre Gruta, que se abre al mayor y divino prodigio. Está a punto de nacer a su vida humana el Hijo Unigénito del Padre.

Está a punto de descender sobre el mundo su Amor Misericordioso, hecho hombre en el Hijo que nace de Mí, su Madre Virgen. Después de largos siglos de espera y de orante imploración, finalmente llega a vosotros vuestro Salvador y Redentor. Es la noche santa. Es el alba que surge sobre el nuevo día de vuestra salvación.

Es la Luz que resplandece en la tiniebla profunda de toda la historia. Mi esposo José trata de hacer mas hospitalaria la gélida Gruta y se afana para transformar en cuna un pobre pesebre. Yo estoy absorta en una intensa oración y entro en éxtasis con el Padre Celeste, que me envuelve con su luz y con su amor me llena de su plenitud de vida y bienaventuranza, mientras el Paraíso, con todas sus milicias Angélicas, se postra en acto de adoración profunda.

Cuando salgo de este éxtasis, me encuentro entre los brazos a mi Divino Niño, milagrosamente nacido de Mi, su Madre Virgen. Lo estrecho a mi Corazón, lo recubro de tiernos besos, lo caliento con mi amor de madre, lo envuelvo en blancos pañales, lo deposito en el pesebre ya preparado. Mi Dios está todo presente en este Mi Niño.

La Misericordia del Padre se transparenta en el recién nacido, que emite sus primeros gemidos de llanto. La Divina Misericordia os ha dado su fruto: postrémonos juntos y adoremos al Amor Misericordioso que ha nacido por nosotros.

- Miremos juntos sus ojos, que se abren para traer sobre el mundo la luz de la Verdad y de Divina Sabiduría.

- Enjuguemos juntos sus lágrimas, que descienden para compadecerse de todo sufrimiento, para lavar toda mancha de pecado y de mal, para cerrar toda herida, para dar alivio a todos los oprimidos, para hacer descender la esperada rociada sobre el gélido desierto del mundo.

- Estrechemos juntos sus manos, que se abren para llevar la caricia del Padre sobre las humanas miserias, para dar ayuda a los pobres y a los pequeños, apoyo a los débiles, confianza a los desalentados, perdón a los pecadores, salud a los enfermos, a todos el don de la Redención y de la Salvación.

- Calentemos juntos sus pies, que seguirán caminos áridos e inseguros, para buscar a los extraviados, encontrar a los perdidos, dar esperanza a los desesperados, para llevar la libertar a los presos y la buena nueva a los pobres.

- Besemos juntos su pequeño corazón, que apenas ha comenzado a latir de amor por nosotros. Es el corazón mismo de Dios. Es el corazón del Hijo Unigénito del Padre que se hace Hombre  para devolver a Dios la humanidad por Él redimida y salvada. Es el corazón que late para renovar el corazón de toda criatura. Es el corazón nuevo del mundo. Es el Amor Misericordioso que descendió del seno del Padre, para llevar a toda la humanidad la Redención, la Salvación y la Paz.

Acogedlo con amor, con alegría y con felicidad inmensa. Y elévese de vuestro corazón el himno de la perenne gratitud por este Niño, que os ha sido dado virginalmente por Mi que, en esta Noche Santa, me convierto para todos en la Madre de la Divina Misericordia."

Relato del Nacimiento de Jesús  según una visión dada a la Beata Ana Catalina Emmerich

Alemania, 1820 - Visión de la Natividad

"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".

"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. "

"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo. "

"María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. "iAh, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"

"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte."

"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. "

"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando:

"Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba."