Cuando miramos a nuestro alrededor en nuestra sociedad de hoy no podemos evitar ver la desintegración en los valores y en la moral. Y sabemos que las cosas no suceden simplemente por accidente, así que no sería razonable pensar que las diferentes modas en el vestir simplemente han aparecido y han llegado tan lejos solo porque sí. 

La mayoría de nosotros hemos oído decir que el mayor triunfo del demonio es hacernos creer que no existe. El demonio ha estado extremadamente ocupado especialmente desde los años 1800, trabajando tras bambalinas para oponerse a todo lo que es sagrado, bello y santo. Uno de los grupos humanos que ha usado para oponerse a todo esto ha sido la masonería. 

Aquellos involucrados en los Illuminati (una sociedad secreta dentro de las logias masónicas) fueron educados para ser fervientes anticatólicos. La Enciclopedia se convirtió en la Biblia de la Ilustración. En 1738 el Papa Clemente XII publicó su bula papal In Eminenti, condenando a la masonería y dando muchas razones incluyendo "los juramentos secretos y de fidelidad a la masonería". El Papa severamente prohibió a los católicos unirse a sociedades masónicas, so pena de excomunión contra aquellos que favorecieran dichas sociedades. En 1825 El Papa León XII lamentó el hecho de que los gobiernos no hubieran puesto atención a los decretos papales contra la masonería y de que en consecuencia, la masonería hubiera engendrado incluso sectas más peligrosas. El Papa Pío VIII escribió contra la masonería en su encíclica Traditi de 1829 lo siguiente: "su ley es la falsedad, su dios es el demonio y su culto es la infamia". 

El Papa Gregorio XVI escribe en Mirari Vos de 1832 lo siguiente: "el mal surge de las sociedades secretas, abismos de miseria sin fondo, construidos por aquellas sociedades conspiradoras y en los cuales las herejías y las sectas han vomitado como en un retrete, todo lo que tienen de licencioso, sacrílego y blasfemo." 

Más tarde el Papa León XIII en Humanum Genus de 1884, declararía "hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro".

Los masones ilustrados eran muy abiertos en su deseo de destruir a la Iglesia Católica. Su objetivo era destruir el cristianismo, pero admitían que no podía ser arruinado desde afuera. Tendrían que hacer una ataque de tenaza, rodeándola. 

El fundador de los Illuminati, Adam Weishaupt ya había formulado parte de su estrategia a finales del siglo XVIII: "Infiltraremos ese lugar (El Vaticano), y una vez dentro nunca saldremos. Taladraremos desde adentro hasta que no quede nada más que una concha vacía". Los masones aspiraban a infiltrar "las sacristías, los monasterios y los seminarios", pero les tomaría tiempo infiltrarse en las instituciones católicas, así que tenían otro plan relacionado con la mujer. 

"Con el fin de destruir el catolicismo, es necesario comenzar por suprimir a la mujer...pero ya que no podemos suprimir a la mujer, vamos a corromperla junto con la Iglesia..."(carta de Vindez a Nubius, seudónimos de dos líderes de la Alta Vendita, la mayor logia masónica de Italia, los Carbonari, revolucionarios masónicos, 9 de agosto de 1838). 

Los masones aparentemente entienden que la mujer es la brújula moral de la sociedad. La serpiente sabía esto y se aproximó a Eva. Hasta Confucio dice que la mujer es la raíz moral de la sociedad, y que la cultura crecería sólo en proporción a la fortaleza moral de sus mujeres. 

Así como los masones planearon infiltrarse en las órdenes religiosas, también planearon infiltrarse en el mundo de la moda. Planearon influenciar las tendencias y los estilos del vestuario de mujeres y niños involucrando a su propia gente en la industria de la moda. También era parte del plan de los Illuminati formar y controlar la opinión publica a través de los mass media o medios masivos de comunicación. 

En su época, San Juan Bosco (1815-1888), quien vivió en Turín, Italia, también combatió varias fuerzas provenientes del Mundo. El santo recibió muchas visiones en forma de sueños. El hilo conductor de todos estos sueños era la importancia de mantener la pureza y la inocencia. 

La Iglesia Católica siempre ha enseñado que todos los actos de impureza son graves pecados. TODOS los actos de impureza. Cada acto o pensamiento impuro es un pecado mortal (mientras la persona se de cuenta de que es un pecado grave y lo consienta de todas formas). Lo grave es que en nuestros días estos graves pecados son como un caramelo y son estimulados y presentados como una inocente e incluso "saludable" fantasía. Sólo imaginémonos qué pensaría Don Bosco si pudiera ver la televisión hoy en día o irse de paseo por cualquier centro comercial en verano. 

Los comienzos del siglo XX fueron también una época de grandes cambios en la moda femenina. En 1910 el arzobispo de París lideró una campaña contra las modas indecentes de las mujeres. Pensemos en eso por un momento. ¿Qué usaban las mujeres en 1910 que fuera tan malo? 

Cinco años después la Iglesia lanzó una carta pastoral general declarando que la mujer debía vestirse decentemente para la Misa y que los sacerdotes podían rehusar la entrada a la Iglesia sino iban vestidas decentemente. 

El hecho es que en comparación con las modas modestas que se veían hacía solo una década o dos previas a este cambio, las nuevas modas del siglo XX desplegaron una alarmante tendencia hacia la inmodestia que era –desde todo punto de vista- simplemente inaceptable. Viéndolo desde nuestra perspectiva uno tiene que preguntarse si los Papas estaban al tanto del plan de los diseñadores de moda, para que ellos hayan dado la voz de alarma tan temprano, históricamente hablando. 

Imaginen los estilos conservadores de ese periodo, antes de la locura de los años 20, que vio aparecer faldas cortas hasta las rodillas, y vestidos sin mangas. Obviamente las modas ya estaban cambiando drásticamente y no para bien. 

El 13 de mayo de 1917 Nuestra Señora de Fátima se apareció por primera vez a tres niños en Portugal. Aparecería los días 13 de los siguientes cinco meses y más adelante diría a una de las niñas, la Beata Jacinta Marto, que, "Más almas van al infierno por pecados de la carne que por cualquier otra razón". Esta inocente niña puede no haberse dado cuenta qué significaba "pecados de la carne", pero el Catecismo de Baltimore nos enseña que estos pecados se prohiben en el sexto y noveno mandamientos. Nuestra Señora de Fátima también dijo que serían introducidas ciertas modas "que ofenderán mucho a Nuestro Señor". Jacinta comentó más tarde que las personas que sirven a Dios no deben seguir las tendencias de la moda. Jacinta también dijo que la Iglesia no tiene modas, y que "Nuestro Señor es siempre el mismo". Los slacks (vestidos holgados) aparecieron en las pasarelas de París en 1920. Al año siguiente el Papa Benedicto XV expresó su rechazo a que las mujeres adoptaran las tendencias de la moda y los estilos de baile de entonces. Él escribió: " Uno no puede deplorar suficientemente la ceguera de tantas mujeres de todas las edades y condiciones; atontadas por el deseo de complacer, ellas no ven hasta qué grado la indecencia de su vestimenta golpea a todo hombre honesto, y ofende a Dios. La mayoría de ellas se habría sonrojado por esos vestidos como una falta grave contra la modestia cristiana; ahora no les basta exhibirlas en las vías públicas; ya no temen atravesar el umbral de las Iglesias, asistir al Santo Sacrificio de la Misa, e incluso llevar la comida seductora de las pasiones vergonzosas a la mesa eucarística donde uno recibe al Autor Celestial de la pureza. Y no hablamos de esos exóticos y bárbaros bailes recientemente importados a los círculos de la moda, cada uno más chocante que el otro; uno no puede imaginar nada más adecuado para desterrar todos los restos de la modestia". (Encíclica Sacra Propediam, 6 de enero de 1921). 

Durante los años 20 los estilos de vestir de las mujeres estaban tomando un radical y revolucionario nuevo aspecto. Por primera vez en la historia, las mujeres refinadas fueron vistas vistiendo mangas más arriba del codo y ruedos que llegaban hasta la rodilla. Recordemos esa directiva masónica: "Primero, desvestirlas hasta el codo; después hasta las rodillas; Después brazos y piernas completamente descubiertos; después la parte superior del torso, los hombros, etc. etc. ". En 1928 el Papa Pío XI escribió: "Hay un triste olvido de la modestia cristiana, especialmente en la vida y vestimenta de las mujeres" (Carta encíclica Miserentissimus Redemptor). 

Los católicos mundanos y la sociedad secular respondieron diciendo que la modestia en el vestido era regulada por "las costumbres y estilos del tiempo, lugar y circunstancias". Ellos invitaron a las mujeres a ignorar estas afirmaciones de la Iglesia. En su lugar, dijeron, que era la sociedad y la cultura la que debería dictaminar lo que es modesto y apropiado. 

Pero en sus publicaciones los masones habían revelado sus motivos y su plan. La siguiente cita repite lo afirmado: 

"La religión no teme a la punta de la daga; pero puede desaparecer bajo la corrupción. No nos cansemos de la corrupción: podemos usar un pretexto, como el deporte, la higiene, los resorts para la salud. Es necesario corromper para que sus niños y niñas practiquen el nudismo en el vestir. Para evitar demasiadas reacciones, uno debe progresar en forma metódica: primero desvestir hasta el codo; Después hasta las rodillas; después los brazos y las piernas completamente descubiertos; después la parte superior del torso, los hombros, etc, etc". (International Review on Freemasonry, 1928). 

Si miramos las tendencias de la moda desde 1928, podemos ver que los estilos han seguido muy de cerca esta estrategia. En esta época los vestidos ya iban a la altura de los codos y de las rodillas. El año 1928 también fue el inicio de la Cruzada de la Modestia de Pío XII. Nos hace pensar que él podría haber sabido del plan de la Masonería. La Cruzada de la modestia comenzó con una carta a los obispos de Italia (agosto 23 de 1928) y estaba dirigida primordialmente a las escuelas regidas por monjas. Hablaba contra las modas indecentes.

LA MISIÓN DE LA MUJER 

Si nuestros contemporáneos se desvisten en lugar de vestirse, esto es el resultado de todo un plan cuyo autor es Satanás. Si las mujeres de nuestro siglo no cubren convenientemente su cuerpo es porque ellas obedecen conscientemente o no a la voluntad de Satanás, y no a la voluntad de Dios. Es el reino de Satán el que está aquí y no el reino de Cristo. El reino de Satanás, aquel que dijo No a Dios, el enemigo de Dios, de Cristo y también del hombre. 

Las mujeres tienen una misión irreemplazable en el mundo, una misión de alto nivel. Son formadoras de hombres, creadoras de civilizaciones, por consecuencia también pueden ser destructoras de civilizaciones. 

Las costumbres de una época están profundamente marcadas por la acción de las mujeres. Cuando las mujeres son buenas y generosas, el mundo vive en la felicidad. Cuando las mujeres son egoístas, intrigantes, el mundo es desgraciado. 

DIGNIDAD, CIVILIZACIÓN 

Si las mujeres se comportan con dignidad en sus vidas con todo lo que eso implica (pensamientos, intenciones, deseos, voluntad, actitud, vestuario, relaciones...) si las mujeres irradian pureza, humildad, modestia, entonces la sociedad que las rodea será distinguida, noble, ordenada, conservará las cosas en su lugar y respetará los misterios de la vida. Esta sociedad será fuerte, buena, sana, bella y apacible. 

El punto de partida: mujeres dignas. El fruto, una sociedad equilibrada y feliz..

¡La mujer digna, exige respeto!  

Traducción Rosa Elena Rivera