María nos conduce al Corazón de Jesús
A Como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, la Santísima Virgen María se ha aparecido muchas veces a lo largo de los siglos para recordarnos las enseñanzas de su Hijo Jesús y conducirnos hacia Él, pues como madre se preocupa por la salvación eterna de cada uno de sus hijos en la tierra, que le fueron confiados por Jesús al pie de la cruz cuando dijo al apóstol san Juan: « Hijo, aquí tienes a tu madre. »
Dieciséis de estas apariciones marianas han sido reconocidas oficialmente por la Iglesia católica romana, entre ellas cinco ocurridas en Francia durante el siglo XIX, que parece ser una tierra particularmente favorecida por la Virgen María:
l En 1830, en el convento de la Rue du Bac de París, donde la Virgen María se apareció a santa Catalina Labouré;
l En 1846, en La Salette, a Mélanie Calvat y Maximin Giraud;
l In 1858, en Lourdes, a Santa Bernardita Soubirous;
l In 1871, en Pontmain, a tres niños;
l In 1876, en Pellevoisin, a Estelle Faguette.
Algo notable es que, si se unen en un mapa de Francia estos cinco lugares, se obtiene la letra « M », la « M » de María. Y precisamente en el centro de ese mapa se encuentra la última aparición, la de Pellevoisin, donde la Virgen María se apareció quince veces en 1876 bajo el nombre de Nuestra Señora de la Misericordia, a una joven de 33 años, Estelle Faguette, quien fue curada milagrosamente y recibió numerosos mensajes para la conversión de los pecadores y, especialmente, sobre la devoción al Escapulario del Sagrado Corazón de Jesús.
Por lo tanto, en el año 2026 celebramos el 150.º aniversario de esta aparición.
Probablemente esta sea la menos conocida de las cinco apariciones marianas reconocidas en Francia, pero esto podría cambiar. El 22 de agosto de 2024, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe en el Vaticano, dirigió una carta a Mons. Jérôme Beau, arzobispo de Bourges (diócesis donde se encuentra Pellevoisin), titulada:
« Nuestra Señora de la Misericordia, condúcenos al Corazón de Cristo: Carta al Arzobispo de Bourges (Francia) acerca de la experiencia espiritual de Estelle Faguette. » El cardenal concluyó su carta con este juicio favorable:
« Excelencia, no solamente puedo afirmar que no existen objeciones doctrinales, morales o de otra índole respecto a este acontecimiento espiritual, y que los fieles "pueden adherirse a él prudentemente", sino que además la devoción en este caso, ya floreciente, se recomienda particularmente a quienes libremente deseen abrazarla. Todos encontrarán en ella un camino de sencillez espiritual, confianza y amor capaz de hacer mucho bien. Por lo tanto, es posible emitir el decreto de nihil obstat ("nada lo impide"). Sin duda será un bien para toda la Iglesia. »
Una humilde servidora escogida por María
La historia de Pellevoisin comienza con una mujer sencilla: Estelle Faguette. Nació el 12 de septiembre de 1843 en un ambiente humilde y trabajaba como sirvienta en el castillo de Montbel, cerca de Pellevoisin, en la diócesis de Bourges.
Estelle Faguette nació en Saint-Memmie (Marne) en una familia extremadamente pobre. Muy preocupada por los pobres y los enfermos, ingresó en 1860 al noviciado de las Hermanas Agustinas Hospitalarias del Hôtel-Dieu de París. Sin embargo, en 1863 una grave caída por una escalera la obligó a renunciar a la vida religiosa.
En 1865 entró al servicio del conde y la condesa de La Rochefoucauld y los acompañó al castillo de Montbel, situado a tres kilómetros de Pellevoisin, donde trabajó como sirvienta y cuidadora de niños. Hizo venir a sus padres, arruinados y necesitados, y los ayudó con los escasos recursos económicos que poseía.
En 1875, la salud de Estelle empeoró gravemente. Sufría una peritonitis crónica que se había vuelto tuberculosa y había afectado el estómago y los pulmones. El 29 de agosto, el profesor Bucquoy, de la Facultad de Medicina de París, declaró que su caso era irreversible.
Consciente de que ya no existía esperanza humana de curación, Estelle escribió en septiembre una carta a la Virgen María y la hizo depositar en una gruta de Lourdes que el conde y la condesa habían construido en los jardines del castillo. Le pidió su curación para poder seguir sosteniendo a sus padres.
Al agravarse aún más su estado de salud, Estelle fue llevada a la casa de sus padres, cerca de la iglesia de Pellevoisin. El 14 de febrero de 1876, el médico declaró que le quedaban solamente unas pocas horas de vida.
Las primeras apariciones
It Fue entonces, durante la noche del 14 al 15 de febrero de 1876, cuando la Virgen María se le apareció por primera vez en su habitación. Ese año tendrían lugar quince apariciones, desde el 14 de febrero hasta el 8 de diciembre. Las cinco primeras estuvieron relacionadas con la curación de Estelle.
Así relató Estelle aquella primera aparición:
« Trataba de descansar cuando de repente apareció el demonio al pie de mi cama... Apenas había llegado cuando la Santísima Virgen apareció al otro lado, cerca de mi cama... Ella le dijo con firmeza: "¿Qué haces aquí? ¿No ves que ella lleva mi insignia y la de mi Hijo?" Él desapareció haciendo gestos de rabia. »
Luego María se volvió hacia Estelle y le dijo con dulzura: « No tengas miedo. Tú sabes bien que eres mi hija. Ten valor y paciencia; mi Hijo se dejará conmover. Sufrirás todavía cinco días, en honor de las cinco llagas de mi Hijo. El sábado estarás muerta o curada. Si mi Hijo te devuelve la vida, quiero que publiques mi gloria. »
Estelle vio entonces una placa de mármol blanco entre ella y la Virgen. María explicó que debía colocarse en Pellevoisin:
« En Nuestra Señora de las Victorias tienen ya suficientes signos de mi poder; en Pellevoisin no hay nada. Allí necesitan estímulo. »
Durante las noches siguientes la Virgen continuó apareciéndose a Estelle y repitiéndole: « No tengas miedo; yo estoy aquí. »
También le dijo: « Si mi Hijo te devuelve la vida, no creas que quedarás libre de sufrimientos; sufrirás y tendrás penas. Ahí está el mérito de la vida. »
Y añadió que había sido especialmente conmovida por las oraciones y por la carta que Estelle le había escrito:
« Lo que más tocó mi corazón fue esta frase: "Mira el dolor de mis padres si yo llegara a faltarles; están a punto de tener que pedir pan." Le mostré esa carta a mi Hijo. Tus padres necesitan de ti. »
La curación
Llegamos ahora a la noche del 18 al 19 de febrero, correspondiente a la quinta aparición de María. Estelle relata: « La Santísima Virgen se acercó hasta el centro de las cortinas de mi cama. ¡Dios mío, qué hermosa era! Permaneció durante largo tiempo sin decir nada; estaba rodeada por una clara neblina... Sonreía y me recordó mis promesas. »
Estelle volvió a ver la placa ex-voto que había contemplado anteriormente, pero esta vez ya no era completamente blanca. En las cuatro esquinas aparecían botones de rosas doradas y, en la parte superior, un corazón de oro encendido, rodeado por una corona de rosas y atravesado por una espada. Sobre él estaban escritas estas palabras:
« He invocado a María en medio de mi mayor miseria. Ella obtuvo de su Hijo mi curación completa. » Estelle renovó su promesa de hacer todo lo que estuviera en sus manos para la gloria de María.
La Santísima Virgen le dijo entonces: « Si quieres servirme, sé sencilla y que tus acciones correspondan a tus palabras. »
Después de una breve pausa, María tomó un aspecto más serio y añadió: « Lo que más me aflige es la falta de respeto hacia mi Hijo en la Sagrada Comunión y la actitud que se toma en la oración cuando la mente está ocupada en otras cosas. Digo esto especialmente para las personas que pretenden ser piadosas. »
Después de estas palabras, volvió a sonreír. Estelle preguntó si debía hablar inmediatamente de todo lo que la Virgen le había dicho.
María respondió: « Sí, sí, publica mi gloria; pero antes de hablar de ello, esperarás el consejo de tu confesor y director espiritual. Encontrarás obstáculos; te llamarán visionaria, exaltada o loca. No prestes atención a todo eso. Permanece fiel a mí y yo te ayudaré. »
En ese momento Estelle sintió desaparecer todos sus terribles sufrimientos. Una fuerza extraordinaria la llenó por completo. Más tarde escribió:
« Pregunté qué hora era; eran las doce y media de la noche. Me sentía curada, excepto mi brazo derecho, que no pude utilizar hasta después de haber recibido la Santa Comunión. »
Al día siguiente el sacerdote vino a llevarle la Santa Comunión y, con lágrimas en los ojos, comprobó que Estelle estaba completamente curada.
El 19 de febrero de 1876, exactamente como la Virgen lo había anunciado, Estelle quedó sanada. Cuando el médico acudió a verla, también constató su recuperación completa y no pudo ofrecer ninguna explicación médica.
Durante las apariciones, María se presentó con un título magnífico: « Yo soy toda misericordiosa. » Estas palabras resumen casi todo el mensaje de Pellevoisin.
En Pellevoisin, la Virgen nunca se coloca a sí misma en el centro. Constantemente conduce las almas hacia Jesús. El cardenal Fernández subrayó justamente este punto en su reciente carta: « Todo se atribuye a Cristo. » Incluso la curación de Estelle es presentada como una gracia obtenida por la intercesión de María ante su Hijo.
El Escapulario del Sagrado Corazón
Uno de los aspectos más notables de Pellevoisin está relacionado con la petición de María acerca del Escapulario del Sagrado Corazón, durante la novena aparición, el 9 de septiembre.
Estelle cuenta: « La Santísima Virgen dijo: « Hace mucho tiempo que los tesoros de mi Hijo están abiertos; que oren. » Mientras pronunciaba estas palabras, levantó la pequeña pieza de lana que llevaba sobre el pecho.
Hasta entonces Estelle la había visto sin comprender qué era, porque le había parecido completa-mente blanca. Pero cuando María la levantó, Estelle vio claramente un corazón rojo destacarse sobre ella.
Pensó inmediatamente: « Es un Escapulario del Sagrado Corazón. »
Entonces María dijo: « Amo esta devoción. » Después de una pausa añadió: « Aquí seré honrada. »
Durante la undécima aparición, el 15 de septiembre, María dijo a Estelle: « Tomaré en cuenta los esfuerzos que has hecho para conservar la calma; no lo pido solamente por ti, sino también por la Iglesia y por Francia. En la Iglesia no existe la paz que deseo. »
Suspiró y movió suavemente la cabeza mientras decía: « Hay algo. » No explicó qué era, pero Estelle comprendió inmediatamente que se refería a divisiones y discordias.
Luego María continuó lentamente: « Que oren y que tengan confianza en mí. » Después añadió con tristeza: « ¡Y Francia! ¡Cuánto he hecho por ella! ¡Cuántas advertencias le he dado y aun así continúa ne-gándose a escuchar! Ya no puedo contener a mi Hijo. »
Parecía profundamente conmovida cuando agregó: « Francia sufrirá. » Pronunció estas palabras con particular énfasis.
Luego hizo una pausa y repitió: « Valor y confianza. » En ese momento Estelle pensó en su interior: "Si digo esto, quizás nadie me creerá."
La Santísima Virgen comprendió inmediatamente su pensamiento y respondió: « Ya he pagado por adelantado; peor para quienes no quieran creerte, porque más tarde reconocerán la verdad de mis palabras. » luego desapareció suavemente.
Más adelante, durante la decimotercera aparición, el 5 de noviembre, Estelle volvió a ver a la Santísima Virgen: « Era hermosa como siempre. »
Mientras la contemplaba, Estelle pensaba que era muy indigna de recibir tales gracias y que muchas otras personas habrían sido más merecedoras.
María la miró y sonrió: « Te he escogido. Yo escojo a los pequeños y a los débiles para mi gloria. »
Después de una pausa añadió: « Ten valor; el tiempo de tus pruebas va a comenzar. » Luego cruzó las manos sobre su pecho y desapareció.
La última aparición
María apareció por última vez a Estelle el 8 de diciembre de 1876, fiesta de la Inmaculada Concepción.
Estelle lo relató así: « Hoy, después de la Misa solemne, volví a ver a esa dulce Madre. Estaba más hermosa que nunca. »
Después de permanecer un momento en silencio, como en otras ocasiones, María dijo: « Hija mía, recuerda mis palabras. » En ese instante Estelle vio pasar ante su mente todos los mensajes recibidos desde febrero.
María continuó: « Repítelas con frecuencia; te fortalecerán y te consolarán en tus pruebas. Ya no volverás a verme. »
Estelle exclamó: « ¿Qué será de mí sin usted, Madre mía? » La Santísima Virgen respondió: « Permaneceré invisiblemente cerca de ti. »
Estelle vio entonces, a lo lejos, una multitud de personas que hacían gestos amenazantes. Sintió temor. María, sonriendo, la tranquilizó:
« No tienes nada que temer de ellos. Te he escogido para publicar mi gloria y difundir esta devoción. » La Santísima Virgen sostenía el Escapulario con ambas manos.
Animada por su bondad, Estelle dijo: « Madre mía, ¿querría darme ese Escapulario? » María no pareció escuchar directamente la petición y respondió sonriendo: « Levántate y bésalo. »
Estelle se levantó inmediatamente y lo besó. Luego María habló nuevamente acerca del Escapulario: « Tú misma irás a ver al Prelado y le presentarás el modelo que has hecho. Dile que me ayude con todo su poder, porque nada me agradará más que ver esta insignia sobre cada uno de mis hijos y que todos se esfuercen por reparar las ofensas que mi Hijo recibe en el Sacramento de su amor. »
Mientras pronunciaba estas palabras, María extendió las manos. Estelle vio caer una abundante lluvia, y en cada gota le parecía leer nombres de gracias: « Piedad, salvación, confianza, conversión, salud... » y muchas otras más.
Entonces la Santísima Virgen añadió: « Estas gracias vienen de mi Hijo; las tomo de su Corazón. Él no puede negármelas. »
Los últimos años de Estelle
En 1900, el obispo de Orleans, Stanislas-Arthur-Xavier Touchet, llevó a Estelle al Vaticano, donde tuvo un encuentro con el papa León XIII el 30 de enero. Estelle le pidió que el Escapulario fuera aprobado oficialmente, cosa que el Papa hizo el 4 de abril de 1900, cuando la Congregación de Ritos publicó un decreto aprobando el Escapulario del Sagrado Corazón. El 22 de diciembre de 1922, la Congregación de Ritos autorizó una Misa votiva cada 9 de septiembre en la iglesia del pueblo y en la capilla de las apariciones del santuario.
En 1925, Estelle ingresó a la Tercera Orden Dominicana, después de haber recibido el hábito en 1923, tomando el nombre de Sor Margarita María.
El 23 de agosto de 1929, Estelle Faguette murió a la edad de ochenta y seis años, permaneciendo firme hasta el final en su convicción sobre las apariciones.
Su vida estuvo marcada por numerosas pruebas difíciles, aceptadas con resignación y fortalecidas por las extraordinarias gracias que había recibido. Su muerte fue serena y apacible.
Durante su larga vida, Estelle soportó muchas humillaciones, calumnias y falsas acusaciones. Sin embargo, nunca vaciló, repitiendo incansablemente las palabras que la Madre Toda Misericordiosa le había dirigido: « Publica mi gloria. He venido para la conversión de los pecadores. Valor y confianza. »
Pellevoisin y nuestra época
¿Por qué Pellevoisin parece tan actual hoy? Porque el mundo moderno sufre precisamente de los males para los cuales la Santísima Virgen ofreció un remedio en Pellevoisin: la angustia, la desesperación, la pérdida de confianza, el olvido de la misericordia divina y el enfriamiento del amor hacia el Sagrado Corazón.
Por medio de Estelle Faguette, María se dirige a las almas sencillas. Nos recuerda que Dios actúa frecuentemente por medio de pequeños instrumentos. Nos enseña que la confianza toca profundamente el Corazón de Jesús.
El Santuario de Pellevoisin se ha convertido así en un lugar de oración, confesión, adoración eucarística y sanación interior. Muchos peregrinos dan testimonio de una profunda paz recibida por intercesión de Nuestra Señora de la Misericordia.
La gran enseñanza de Pellevoisin puede resumirse en pocas palabras: María nos conduce al Corazón de Cristo.
De hecho, el mismo título de la carta del cardenal Fernández lo expresa admirablemente: « Nuestra Señora de la Misericordia, condúcenos al Corazón de Cristo. » Todo está contenido en esas palabras.
La verdadera devoción mariana nunca se detiene en María misma. Siempre conduce a Jesús: a su amor, a su misericordia y a su Sagrado Corazón.
« Nuestra Señora de la Misericordia, condúcenos cada vez más profundamente al Corazón amorosísimo de Jesús. »



