Existe la guerra en Ucrania, que ya dura cuatro años; los conflictos en Gaza, Sudán y la República Democrática del Congo, que han dejado miles de víctimas; y ahora, desde finales de febrero de 2026, los ataques de Israel y de Estados Unidos contra Irán.
Este último conflicto atrae especialmente la atención del mundo entero porque tiene repercusiones globales sobre la economía: el 20 % de la producción mundial de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz, bordeando las costas de Irán, el cual permanece bloqueado desde el inicio de esta guerra, reduciendo así el acceso al petróleo para varios países del mundo, especialmente China, Japón e India, y provocando un aumento del precio del petróleo en todos los países.
Además, el 30 % del comercio mundial de fertilizantes —vitales para la producción mundial de alimentos— también pasa por el estrecho de Ormuz.
Por lo tanto, este bloqueo amenaza efectivamente con provocar hambre en varios países africanos y, combinado con el aumento del precio del petróleo (necesario para el transporte), incrementa también el costo de los alimentos.
Se trata de un caos mundial catastrófico que se está desarrollando y que fácilmente podría transformarse en una tercera guerra mundial que implicaría directamente a las grandes potencias, mientras muchos incluso acusan a China y a Rusia de apoyar secretamente a Irán con armamento e información estratégica.
« Sus manos están llenas de sangre »
Ante semejante locura bélica, una voz se ha levantado en el mundo para hacer escuchar el sentido común y la razón, el mensaje de la paz, el mensaje del Evangelio de Jesús: la voz del Vicario de Cristo, el Papa León XIV. Muchos recuerdan sus primeras palabras después de su elección como sucesor de san Pedro, el 8 de mayo de 2025: « ¡La paz esté con ustedes!... La paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante. »
Al ver la urgencia de la situación actual, el Santo Padre ha multiplicado en las últimas semanas sus intervenciones, de una intensidad poco común, a favor de la paz, interpelando tanto a los beligerantes como a los gobiernos y a los comerciantes de armas. Por ejemplo, esto fue lo que dijo en su homilía del Domingo de Ramos, el 29 de marzo de 2026:
« Miremos a Jesús, que se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara la guerra...Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: « Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre! » (Is 1,15)... Cristo, Rey de la paz, vuelve a clamar desde la cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan compasión! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos! »
Leon XIV bendice a la multitud el Domingo de Pascua
Foto: © Vatican Media
« Que quienes tengan armas las entreguen »
Una semana más tarde, el Domingo de Pascua (5 de abril de 2026), el Papa pronunció desde el balcón central de la basílica de San Pedro el tradicional mensaje pascual Urbi et Orbi —« a la ciudad y al mundo »—. Antes de desear una feliz Pascua a la multitud en diez idiomas, pronunció estas palabras de paz:
« La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta. Es semejante a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada. Es aún más parecida a la de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido.
« Hermanos y hermanas, esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad, porque genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones. No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás.
« A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo.
« Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos. Existe una "globalización de la indiferencia" cada vez más marcada, por retomar una expresión muy querida por el Papa Francisco, quien hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: « Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo »
Trump entra en escena
Ese mismo Domingo de Pascua, el presidente estadounidense Donald Trump publicó en su red social Truth Social el siguiente mensaje, de una violencia poco común:
« El martes (7 de abril) será el Día de las plantas eléctricas y el Día de los puentes, todo reunido en uno solo, en Irán. ¡No habrá nada comparable! ¡No habrá nada comparable! ¡Abran ese maldito estrecho, banda de locos furiosos, o vivirán en el infierno — ¡YA VERÁN! Alabado sea Alá! »
En otras palabras, Trump amenazaba con destruir todas las plantas eléctricas y todos los puentes de Irán y, para que quedara aún más claro, añadió: "We are blowing up the entire country" (vamos a hacer volar todo el país) si Irán no llegaba a un acuerdo en un plazo de 48 horas.
En la mañana del martes 7 de abril, Donald Trump mantuvo la tensión publicando en Truth Social el siguiente mensaje: "A whole civilization will die tonight, never to be brought back again" (Toda una civilización desaparecerá esta noche para no volver jamás) si Irán no cedía antes de las 8 de la noche. Palabras como estas hacían incluso temer el uso de una bomba nuclear.
Ese mismo día, tras las declaraciones del presidente estadounidense, el Papa León XIV, al salir de su residencia de Castel Gandolfo al final de la tarde, habló en inglés y en italiano ante los periodistas presentes:
« Hoy, como todos sabemos, existe también esta amenaza sobre todo el pueblo de Irán, y esto realmente no es aceptable (truly unacceptable). » Recordó que los ataques contra infraestructuras civiles son contrarios al derecho internacional y constituyen: « una señal del odio, de la división y de la destrucción de la que el ser humano es capaz. »
El Santo Padre describió esta guerra como una guerra injusta, « que continúa intensificándose y no resuelve nada », mientras agrava la crisis económica mundial y la desestabilización del Medio Oriente.
Incluso hizo un llamado directo a los ciudadanos estadounidenses para que contactaran a sus representantes en el Congreso y exigieran la paz — una ruptura poco común con el protocolo de neutralidad vaticana, pero necesaria ante el riesgo de una escalada que podría conducir a una guerra mundial. León XIV concluyó: « Volvamos a la mesa de diálogo, conversemos, busquemos soluciones pacíficas y, sobre todo, recordemos a los inocentes: los niños, los ancianos y los enfermos. »
Finalmente, poco antes de expirar su ultimátum de las 8 de la noche, Trump dio marcha atrás y anunció un alto el fuego de dos semanas, después de gestiones realizadas por Pakistán como mediador. El mundo entero, que contenía la respiración, pudo respirar un poco.
Vigilia de oración por la paz
Como la amenaza de una guerra total aún no había desaparecido, el Santo Padre invitó el sábado 11 de abril a los peregrinos de todo el mundo a reunirse en la Basílica y en la Plaza de San Pedro en Roma para rezar el Rosario de la Virgen María e implorar la paz. He aquí algunos extractos de su discurso:
« Ahora, unidos en la oración del Santo Rosario, pidiendo la intercesión de nuestra Madre María, queremos decirle al mundo entero que es posible construir la paz, una paz nueva; que es posible vivir juntos con todos los pueblos de todas las religiones y de todas las razas; que queremos ser discípulos de Jesucristo unidos como hermanos y hermanas, todos unidos en un mundo de paz.
"La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia. La oración, de hecho, no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!...
"San Juan Pablo II, incansable testigo de la paz, en el contexto de la crisis iraquí de 2003 dijo conmovido: « Yo pertenezco a la generación que vivió la segunda guerra mundial y sobrevivió. Siento el deber de decir a todos los jóvenes, a los más jóvenes que yo, que no tienen esa experiencia: "¡Nunca más la guerra!", como dijo Pablo VI en su primera visita a las Naciones Unidas. Debemos hacer todo lo posible. Sabemos muy bien que no es posible la paz a toda costa. Pero todos sabemos cuán grande es esta responsabilidad » (Ángelus, 16 marzo 2003). Esta tarde hago mío su llamamiento, tan actual.
« La oración nos educa para actuar. Las limitadas posibilidades humanas se unen en la oración a las infinitas posibilidades de Dios. De este modo, pensamientos, palabras y obras rompen la cadena demoníaca del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón. Tenemos en esto una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor.
Los equilibrios en la familia humana están gravemente desestabilizados. Incluso el Santo Nombre de Dios —el Dios de la vida— es arrastrado en discursos de muerte. Desaparece así un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre en los cielos y, como en una pesadilla nocturna, la realidad se llena de enemigos. Por todas partes se perciben amenazas, en lugar de llamadas a la escucha y al encuentro. Hermanos y hermanas, el que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte. En cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (cf. Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él.
¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida. San Juan XXIII, con sencillez evangélica, escribió que la paz beneficia a todos, « es decir, a cada persona, a los hogares, a los pueblos, a la entera familia humana ». Y, repitiendo las palabras categóricas de Pío XII, añadía: « Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra » (Carta enc. Pacem in terris, 116).
Unamos, entonces, las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes que hoy creen en la paz, que hoy eligen la paz, que curan las heridas y reparan los daños causados por la locura de la guerra. Recibo muchas cartas de niños en zonas de conflicto; al leerlas se percibe, con la verdad de la inocencia, todo el horror y la inhumanidad de acciones de las que algunos adultos se jactan con orgullo. ¡Escuchemos la voz de los niños!
Queridos hermanos y hermanas, sin duda los gobernantes de las naciones tienen responsabilidades ineludibles. A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte.
Sin embargo, existe una responsabilidad no menos importante para todos nosotros, hombres y mujeres de tantos países diferentes: una inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no sólo con palabras. La oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes: convirtámonos a un Reino de paz que se construye día a día, en los hogares, en las escuelas, en los barrios, en las comunidades civiles y religiosas, quitándole terreno a la polémica y a la resignación con la amistad y la cultura del encuentro. Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política. Formémonos y comprometámonos en primera persona, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz! (…)
El Rosario, al igual que otras formas de oración muy antiguas, nos ha unido esta tarde en su ritmo regular, basado en la repetición; así se abre paso la paz, palabra tras palabra, gesto tras gesto, como una roca se va esculpiendo gota a gota, como en un telar el tejido avanza movimiento tras movimiento. Son los tiempos largos de la vida, signo de la paciencia de Dios. Necesitamos no dejarnos arrastrar por la aceleración de un mundo que no sabe qué persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas. Como nos ha enseñado el Papa Francisco, « se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia » (Carta enc. Fratelli tutti, 225). En efecto, « hay una "arquitectura" de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una "artesanía" de la paz que nos involucra » (ibíd., 231).
Trump responde
Sintiéndose aludido por estas palabras de paz, el presidente Trump, al regresar a Washington después de un fin de semana en Miami, se detuvo frente a las cámaras y declaró: « No soy un gran admirador del Papa León. Es una persona muy liberal y un hombre que no cree en la lucha contra el crimen. »
Más tarde esa misma noche, Trump añadió más ataques, publicando en su red Truth Social una violenta diatriba contra León XIV: « El Papa León El Papa León es débil frente al crimen y desastroso en política exterior. No quiero un Papa que critique al presidente de los Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido… No quiero un Papa que piense que es aceptable que Irán posea un arma nuclear… León debería estar agradecido porque, como todo el mundo sabe, no figuraba en ninguna lista para convertirse en Papa y fue colocado allí por la Iglesia únicamente porque era estadounidense y porque pensó que esa sería la mejor manera de manejar al presidente Donald J. Trump. León no estaría en el Vaticano si yo no estuviera en la Casa Blanca. »
¿Por qué esta guerra?
Cabe preguntarse por qué el presidente Trump, que se hizo elegir prometiendo que Estados Unidos ya no se vería envuelto en guerras interminables, insiste en que esta intervención militar contra Irán es necesaria, según él, para impedir que este país se haga con el arma nuclear. De hecho, esto se parece bastante al argumento esgrimido por Estados Unidos para la guerra contra Irak en 2003, cuando el presidente Bush afirmaba que Irak poseía armas de destrucción masiva, lo que posteriormente resultó ser falso.
Además, Joe Kent, exdirector del Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo, afirmó el 7 de mayo de 2026 que toda la comunidad de inteligencia estadounidense, incluida la CIA, había llegado a la conclusión, antes del estallido de la guerra, de que Irán no estaba desarrollando armas nucleares. Según Kent, las agencias de inteligencia estadounidenses también habían previsto con precisión las represalias iraníes: ataques contra las bases estadounidenses en la región y el cierre del estrecho de Ormuz.
Por último, según una investigación del New York Times firmada por Jonathan Swan y Maggie Haberman (13-14 de abril de 2026), el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y David Barnea, director del Mossad (la agencia de inteligencia exterior del Estado de Israel), desempeñaron un papel clave en la decisión de Donald Trump de atacar Irán. Durante una reunión secreta celebrada el 11 de febrero de 2026 en la Sala de Situación de la Casa Blanca, Netanyahu presentó a Trump una puesta en escena estratégica —vídeos, proyecciones e intervención del Mossad— destinada a hacerle creer que era posible un derrocamiento rápido del régimen iraní. Esta presentación, en contradicción con las cautelosas evaluaciones de la CIA, habría sido determinante para convencer a Trump de que apoyara la operación militar israelí.
Hay quien llega incluso a afirmar que las creencias religiosas podrían empujar a Estados Unidos, Israel e incluso a Irán a prolongar este conflicto para convertirlo en una guerra mundial: algunos círculos cristianos fundamentalistas estadounidenses desean provocar la « batalla del Armagedón » que, según la Biblia (Apocalipsis 16, 16), enfrentará a Israel y sus aliados contra una coalición de naciones enemigas, para acelerar la segunda venida de Jesús a la Tierra tras esta guerra final. Los judíos de Israel, por su parte, dicen que es su Mesías quien aparecerá al final de esta guerra, y los musulmanes, por su parte, esperan a un personaje similar, el Mahdi. Así que para todas estas personas, ni siquiera vale la pena negociar, ¡ya que es preferible acelerar el fin del mundo!
León XIV: « Hay un camino mejor »
Ese mismo lunes 13 de abril, los periodistas que acompañaban al Papa León XIV en el avión rumbo a su viaje apostólico a Argelia y a otros tres países africanos no dejaron pasar la oportunidad de preguntarle acerca de las declaraciones hechas el día anterior por el presidente Trump. El Santo Padre respondió a los periodistas, en inglés, con una calma desarmante:
« No le tengo miedo a la administración Trump. No soy un político y no tengo intención de entrar en un debate con él. El mensaje es siempre el mismo: promover la paz. Continuaré alzando mi voz fuerte y claramente contra la guerra, promoviendo el diálogo y las relaciones multilaterales entre los Estados para encontrar soluciones justas a los problemas. Demasiadas personas sufren hoy en el mundo. Demasiados inocentes están siendo asesinados. Y pienso que alguien debe levantarse y decir que existe un camino mejor. »
El 23 de abril de 2026, durante una conferencia de prensa en el vuelo de regreso de África a Roma, el periodista italiano Ignazio Ingrao hizo la siguiente pregunta al Santo Padre:
« Durante el Encuentro por la paz en Bamenda, Camerún, usted describió un mundo al revés, donde un pequeño grupo, una minoría de tiranos, corre el riesgo de destruir el planeta... A partir de esto quisiera preguntarle: las negociaciones para poner fin al conflicto en Irán se encuentran en una situación incierta, con graves repercusiones para la economía. Quisiera preguntarle, ante todo: ¿desea usted un cambio de régimen en Irán, considerando también el hecho de que la sociedad civil y los estudiantes han salido a las calles en los últimos meses? Y el mundo está preocupado por la carrera armamentista nuclear. Y, sobre todo, quisiera preguntarle: ¿qué llamado dirige usted a Estados Unidos, a Irán y a Israel para salir de este callejón sin salida y poner fin a la escalada? »
León XIV respondió: Me gustaría empezar diciendo: hay que promover una nueva actitud, una cultura de paz. Muchas veces, cuando evaluamos ciertas situaciones, la respuesta inmediata es que hay que intervenir con violencia, con la guerra, atacando. En lo que hemos visto, muchos inocentes han muerto. Acabo de leer una carta, que quizá hayan visto ustedes también, de algunas familias de los niños que murieron en aquel primer día del ataque. Hablan de que ya han perdido a sus hijos, a sus hijas, niños que han muerto. Y yo digo: [la cuestión no es] si se trata del cambio de régimen, no es el cambio de régimen. La cuestión es cómo promover los valores en los que creemos sin la muerte de tantos inocentes.
La cuestión de Irán es evidentemente muy compleja. En las mismas negociaciones que están intentando llevar a cabo, un día Irán dice "sí", Estados Unidos dice "no", y viceversa; y no sabemos adónde va esto; por consiguiente, se ha creado esta situación caótica, crítica para la economía mundial. Pero además hay toda una gran cantidad de personas inocentes en Irán que están sufriendo por esta guerra. Si es un cambio de régimen o no. Tras los primeros días de los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, no está claro, en este momento, cuál es el régimen. A mí gustaría, sobre todo, animarlos a que continúe el diálogo por la paz: que las partes participen, que busquen, que pongan todo su empeño en promover la paz.
[Y ante] la amenaza de la guerra [digo]: que se respete el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes, y esto no se ha hecho así en muchos lugares. Llevo conmigo una foto de un niño musulmán que, durante la visita al Líbano, estaba allí esperando con un cartel que decía: "¡Bienvenido, Papa León!", y luego, en esta última parte de la guerra, fue asesinado. Son muchas las situaciones humanas y creo que debemos ser capaces de pensar de esta manera. Como Iglesia, como pastor, lo digo de nuevo: yo no puedo estar a favor de la guerra; quisiera animar a todos a esforzarse porque busquen respuestas que provengan de una cultura de paz y no de odio y división.
Luego, en inglés, respondiendo a una pregunta sobre las ejecuciones llevadas a cabo por el régimen iraní, León XIV amplió su condena para que se aplicara a todas las partes, incluyendo implícitamente los ataques estadounidenses:
Yo condeno todas las acciones injustas. Condeno el hecho de quitar la vida a otras personas. Condeno la pena capital. Creo que la vida humana debe ser respetada y que la vida de todas las personas —desde la concepción hasta la muerte natural— debe ser respetada y protegida. Por eso, cuando un régimen, cuando una nación, toma decisiones que quitan la vida a otras personas de forma injusta, es obvio que eso es algo que debe ser condenado.
La Iglesia está contra las armas nucleares
El 5 de mayo, durante una entrevista con el presentador conservador Hugh Hewitt en la cadena estadounidense conservadora Salem News Channel, el presidente Trump renovó sus declaraciones contra el Papa, diciendo: « El Papa prefiere hablar como si fuera aceptable que Teherán tenga un arma nuclear. Pienso que está poniendo en peligro a muchos católicos y a muchas personas. »
En realidad, León XIV nunca declaró que Irán debiera tener un arma nuclear. Esa misma noche, al salir de su residencia de Castel Gandolfo, el Santo Padre respondió así a los periodistas sobre estas nuevas declaraciones de Donald Trump:
« La misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio y predicar la paz. Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad: la Iglesia se ha pronunciado desde hace años contra todas las armas nucleares, por lo tanto no existe ninguna duda sobre este tema. Simplemente espero ser escuchado por el valor de la Palabra de Dios. He hablado desde el primer momento de mi elección y, ahora que nos acercamos al aniversario, reitero: la paz esté con ustedes. »
El Papa respondió también, en inglés, sobre la cuestión de la guerra justa: « Desde el inicio de la era nuclear, todo el concepto de guerra debe ser reevaluado según las condiciones actuales. Siempre creeré que es mejor dialogar que entrar en un conflicto nuclear. »
It is important that innocent people be protected, and that has not happened in various places. I have with me the photograph of a Muslim child who, during my visit to Lebanon, was there waiting with a sign saying:'Welcome, Pope Leo!', and who was later killed during these recent days of war. There are many human situations, and I think we must be able to reflect in this way. As Church, I repeat, as a pastor: I cannot be in favour of war, and I would encourage everyone to make efforts to seek answers that come from a culture of peace rather than from hatred and division."
Then, in English, in response to a question about executions carried out by the Iranian regime, Leo XIV broadened his condemnation so that it would apply to all sides, including implicitly American strikes:
"I condemn every unjust action. I condemn the killing of other people. I condemn capital punishment. I believe that human life must be respected, and that the life of every person — from conception to natural death — must be respected and protected. Therefore, when a regime, when a country makes decisions that unjustly take the lives of other people, it is obvious that this must be condemned."
The Church Is Against Nuclear Weapons
On May 5, during an interview with conservative host Hugh Hewitt on the American conservative network Salem News Channel, President Trump renewed his criticism of the Pope, saying:
"The Pope prefers to speak as though it were acceptable for Tehran to have a nuclear weapon. I think he is putting many Catholics and many people at risk."
In reality, Leo XIV never stated that Iran should possess a nuclear weapon. That same evening, as he was leaving his residence at Castel Gandolfo, the Holy Father responded as follows to journalists regarding Donald Trump's latest remarks:
"The mission of the Church is to proclaim the Gospel and to preach peace. If someone wishes to criticize me for proclaiming the Gospel, let him do so with the truth: the Church has spoken out against all nuclear weapons for many years, so there is no doubt on this matter. I simply hope to be heard for the value of the Word of God. I have spoken from the very first moment of my election and, now that we are approaching the anniversary, I repeat once again: peace be with you."
The Pope also responded, in English, on the issue of just war: "Since the beginning of the nuclear age, the entire concept of war must be re-evaluated according to present-day realities. I will always believe that dialogue is better than entering into a nuclear conflict."
History teaches us that, at times, a word spoken at the right moment, with the courage not to remain silent, changes the course of events. Leo XIV chose to take that risk — the risk of proclaiming the Gospel and preaching peace. Let us all embrace this message and put it into practice.



