Importancia del dinero

En una economía primitiva, donde mi vecino produjera todo aquello que yo no produzco y donde yo produjera todo aquello que mi vecino no produce, el trueque entre ambos sería lo más indicado.

Pero esa economía primitiva pertenece a un pasado lejano. Hoy, con excepción de una parte de la producción del agricultor, cada persona produce para el mercado comunitario y cada uno obtiene del mercado comunitario aquello que necesita. En una economía así, el dinero desempeña un papel importante.

El trabajo ya no está aislado. Existen agrupaciones de medios de producción y agrupaciones de mano de obra. Existen empleadores y empleados. Existe la división del trabajo. Desde el punto de vista del rendimiento global, esto representa un progreso: de esta manera se colocan más productos en el mercado comunitario.

Pero para que esta inmensa maquinaria productiva funcione, hace falta algo más que medios de producción; hacen falta medios de pago.

El empleador puede dar a su empleado algo a cambio de su trabajo. Ese algo no puede ser el producto que resulta del trabajo del empleado. Pablo fabrica zapatos durante todo el año; su patrón no le pagará con zapatos, pues Pablo necesita otras cosas para él y para sus hijos. Santiago produce pulpa de papel durante todo el año: lo que desea a cambio de su trabajo es algo distinto de la pulpa de papel.

Ese algo serán Pablo y Santiago, o la esposa de Pablo y la esposa de Santiago, quienes lo escogerán en el mercado comunitario, según las necesidades de sus familias.

Por eso fue inventado el dinero. El empleador de Pablo le paga con dinero y vende sus zapatos en el mercado a cambio de dinero. El empleador de Santiago le paga con dinero y vende su pulpa de papel a quienes la desean, a cambio de dinero.

Si el empleador de Pablo o de Santiago no tiene dinero, no puede contratar empleados ni hacer funcionar su fábrica. Su producción se detiene por falta de dinero. Materialmente, la producción de zapatos o de pulpa de papel sigue siendo posible; pero financieramente es imposible y no se realiza.

Del mismo modo, si todos los Pablos, todos los Santiagos y todas las familias del país están suficientemente provistos de dinero, podrán escoger en el mercado comunitario los productos que necesitan. Pero si les falta dinero, no podrán abastecerse, aunque el mercado comunitario sea muy grande.

Entonces sucederá que, al acumularse los productos sin vender, los productores tendrán que reducir sus actividades, despedir trabajadores y crear desempleo, lo cual ciertamente no facilitará la salida de las existencias acumuladas.

Las finanzas deciden

Todo esto pertenece a la historia vivida. ¡Cuántos productores han tenido que cerrar sus establecimientos, parcial o totalmente, temporal o definitivamente, porque no tenían dinero, porque el banco les cortó el crédito!

Y cuántos consumidores —padres y madres de familia, jóvenes, muchachos y muchachas— han tenido que sufrir privaciones, renunciar a cosas que necesitaban o endeudarse durante años para no morir de hambre, porque no tenían medios para pagar los productos ofrecidos en el mercado.

a producción era físicamente posible. La distribución de los productos también era físicamente posible: no faltaban ni los medios de transporte ni los servicios comerciales. Y, sin embargo, todo se detenía porque financieramente no era posible.

La decisión se tomaba en función de las finanzas y no de las realidades. Y esto sigue ocurriendo muchas veces hoy en día.

Lo mismo sucede con los organismos públicos. Un acueducto se construye fácilmente cuando la ciudad tiene con qué pagarlo. Si no tiene recursos para pagarlo, espera; o bien se endeuda, lo que la obligará a pagar aún más a financieros que no producen nada.

Existe una gran cantidad de proyectos públicos que son física y materialmente realizables. La prueba es que se llevan a cabo tan pronto como llega el dinero. Pero financieramente no son posibles; la prueba es que se espera, se mendigan subvenciones o se hipotecan las propiedades de los ciudadanos para pedir prestado el dinero que hace falta.

Ya se trate de satisfacer necesidades privadas o necesidades públicas, es el comportamiento de las finanzas lo que decide. Y sin embargo, ciertamente los hombres no inventaron el sistema financiero para ser castigados ni mucho menos puestos bajo tutela.

Es un defecto, introducido gradualmente en el sistema financiero, el que lo ha convertido en un dominador, cuando fue concebido para ser un servicio.

Rechazo de esta tiranía

Los Boinas Blancas, creditistas de la revista San Miguel, no dejan de denunciar esta tiranía del dinero sobre toda la vida económica.

El problema financiero no tiene ninguna razón de existir. Hoy el dinero es la cosa más fácil de producir. La prueba está en que un mundo que durante diez años había vivido sin dinero encontró, de la noche a la mañana, todo el dinero y todos los miles de millones necesarios para llevar a cabo una gigantesca guerra de seis años.

Los Boinas Blancas declaran:

« Todo lo que es físicamente posible y deseable debe, por ese mismo hecho, hacerse financieramente posible. »

Esto no es prometer la luna. Es comprometerse a tomar los medios necesarios para alcanzar un objetivo completamente realizable.

No somos los únicos que afirmamos que esto es posible. Una persona muy conocedora de la naturaleza de las finanzas, Graham Towers, quien fue el primer Gobernador del Banco de Canadá, compartía la misma opinión.

En 1939, ante el Comité Permanente de Banca y Comercio de la Cámara de los Comunes, el diputado Normand Jacques le hizo una pregunta, y Towers respondió sin vacilar. He aquí la pregunta y la respuesta, tal como quedaron registradas en la página 771 (texto inglés) de las Actas y Testimonios de ese Comité:

Jacques: — ¿Admite usted que todo lo que es materialmente posible y deseable puede realizarse desde el punto de vista financiero?

Towers: — Ciertamente.

Era el año 1939. Algunos meses después estalló la guerra. Y los hechos demostraron que era posible hacer financieramente posible todo lo que era materialmente posible. No hubo un problema puramente financiero para llevar adelante la guerra.

El presidente estadounidense Roosevelt calificaba esos problemas puramente financieros como un absurdo, y verdaderamente lo son. Cuando su país entró en la guerra, declaró públicamente que no permitiría que el esfuerzo bélico fuera obstaculizado por semejante absurdo financiero.

Lo que no logró hacer fue impedir que los dueños del sistema registraran esa suspensión del absurdo financiero como algo temporal y como una acumulación de deudas sobre la nación, para ser cobradas una vez terminada la guerra, cuando el absurdo financiero retomara las riendas.

Ya no se trata de hacer financieramente posible todo lo materialmente realizable para fines de guerra, sino de hacer financieramente posible todo lo físicamente realizable según las necesidades de la población y de los organismos públicos de la provincia o del país.

Las necesidades de la población son las necesidades de los individuos y de las familias, de todos los individuos y de todas las familias que componen la población de la provincia.

Las necesidades de los individuos son, ante todo, aquello que hace falta para vivir: alimentación, vestido, vivienda y atención médica.

¿Es materialmente posible ofrecer suficiente alimento, ropa, vivienda y atención médica en la provincia para que todos tengan una parte suficiente para una subsistencia digna?

No creemos que alguien se atreva a ponerlo en duda.

Es físicamente posible. Si hoy no se hace, es porque falta financiamiento para la producción del lado de los productores, o porque falta dinero para pagar del lado de quienes tienen necesidades.

La propuesta creditista ya no acepta este divorcio entre las posibilidades físicas y las posibilidades financieras. La pregunta ya no es: « ¿Se puede pagar? » La única pregunta es:

« ¿Se puede producir? ¿Se puede transportar? ¿Se puede entregar el producto? »

Si la respuesta es sí, entonces es materialmente posible y, por lógica y por humanidad, debe hacerse financieramente posible por ese mismo hecho.

Ocurre exactamente lo mismo con las necesidades de los municipios, de las comisiones escolares y de otros organismos públicos. Mientras los proyectos de desarrollo sean físicamente posibles, también deben ser financieramente posibles.

El dinero debe ser el reflejo, y no el estrangulador, de las realidades. El dinero nuevo debe nacer para financiar la producción de nueva riqueza; y el dinero solo debe ser retirado y desaparecer al ritmo del consumo y de la desaparición de la riqueza producida.

Eso sería verdaderamente una economía humana. No una economía planificada por burócratas ni por políticos, sino una economía ordenada por los propios consumidores: consumidores privados y organismos públicos.

No una economía dirigida, sino una economía motivada; motivada por las necesidades expresadas por hombres libres, que poseen el medio (el dinero) para decir lo que desean obtener.