O Podría pensarse que vamos a defender aquí a los acumuladores del dinero, a los banqueros, a los más acaudalados empresarios, a los portentosos de la economía, ya sean capitalistas o "socialistas". Nada de eso. Sólo explicaremos que esos millonarios podrían no ser tan pobres, y que un pobre podría definirse por su cantidad de necesidades.
EL ASPECTO ECONÓMICO
Con el invento de los dineros de metal y de papel, se exacerbaron los sentimientos de codicia y avaricia que han dominado la existencia humana, tanto como el egoísmo y la envidia. Con el simbolismo de esos dineros, muchos vieron que podían concentrar la riqueza, ¡tanta que nadie la querría si fuera en especie!...
Es que, si en lugar de tener millones de dólares, se tuvieran tierras, joyas, automóviles, alimentos y un sinfín de productos y servicios, ¡todo sería un estorbo! ¿Quién querrá grandes extensiones de tierra si no las puede trabajar? ¿Para qué tantos alimentos si sólo se tiene una boca y un estómago, y sólo 24 horas al día para tragarlo todo? ¿Para qué tanta ropa si sólo se tiene un cuerpo; o tantos zapatos para dos pies? ¿Para qué tantos carros si solo se puede ir en uno?... ¿Y quién va a cuidar de todo ello?
En verdad, tantas propiedades resultan una esclavitud y vana preocupación. Demasiada riqueza real sería una pesadilla y puede acabar con la propia libertad, la salud y la propia vida. Pero si esa vasta riqueza se representa en unas monedas, o en papeles, o en números, se puede poseer mucho más. Y si uno se siente superior o mejor que los otros sólo por tener más dinero, hará todo por conseguirlo y así llenará su falta de autoestima.
En términos contables, tenía razón Louis Even al decir que todos se convierten en capitalistas cuando tienen capital. ¡Incluso los socialistas! ¡Y aun cuando no lo tengas! Es que hay otros componentes más allá de la contabilidad. El capitalismo es todo un sistema social que involucra un sinfín de variables económicas, políticas e ideológicas, producto de los propios capitalistas, ¡es una cultura! Y lo mismo podríamos decir del socialismo y sus socialistas, también más interesados por el capital que por la sociedad.
Desde esta óptica más integral, seguramente Louis Even no afirmaría que una persona es un capitalista sólo porque tiene capital. Sería como decir que una persona es una cebra sólo porque se pinta a rayas. Son mucho más que eso.
EL ASPECTO IDEOLÓGICO
Estamos hablando de todo tipo de capital, sea tecnológico, sean recursos naturales, "recursos" humanos, dinero y otras formas de financiamiento. Por ejemplo, si consideramos a la fuerza de trabajo humano como parte del capital, ¿entonces somos todos capitalistas? No, señor. Ser capitalista es mucho más que mano de obra: implica, ante todo, poner el capital por encima de todas las cosas, incluso de las personas, hasta convertirlo en dios. Es un asunto también ideológico, de valores, donde el capital se convierte en un fin en sí mismo, que se acapara y deja de ser un medio para el comercio.
Entonces viene el despojo y la explotación laboral, la extrema riqueza y la extrema pobreza. De hecho, la mayoría de los grandes problemas en el mundo son a causa de esta guerra por el dinero, tanto en el capitalismo como en el socialismo.
Este aspecto ideológico que endiosa al dinero, es imprescindible y basta para ser capitalista. Así, una persona pobre puede ser capitalista sin tener capital: depende más de lo que haces con él, o quisieras hacer, aunque no lo tengas... ¡un capitalista sin capital! Sólo por desear ser millonario, uno se hace capitalista, aunque no haya un centavo en el bolsillo.
Por el contrario, una empresa cooperativa, que tiene capital de diversos tipos para el trabajo productivo, no es capitalista sólo por eso, ya que su principal objetivo es el bienestar de las personas y no la acumulación de capital.
Así, el capitalismo puede llegar a ser un asunto más ideológico que económico. Y, sin embargo, la ideología no es suficiente.
EL ASPECTO POLÍTICO
Para que el actual sistema funcione tan inequitativamente, tendrá una política de escasez monetaria mediante la deuda, el interés, los impuestos, salarios insuficientes, el monopolio monetario, la disparidad entre monedas… y falta de democracia.
En efecto, el actual sistema financiero funciona en base a la escasez de dinero que despoja a la mayoría y enriquece a unos cuantos, dando lugar a la codicia, la usura, los elitismos, los privilegios, el poder y las clases sociales. De ese modo se acumula el 99% de la riqueza en el 1% de la población. En verdad, lo que hoy denigra al rico no es su riqueza sino su contraste con la indigencia; su indiferencia y justificación ante la pobreza.
Si, por el contrario, todos fuesen millonarios, ¿quién poseerá la riqueza real de bienes y servicios cuando todos podrían acapararla con su dinero? Cada uno tendrá sólo la parte que requiere y se quedarán con sus millones sin poder usarlos… No importa, es sólo Si, por el contrario, todos fuesen millonarios, ¿quién poseerá la riqueza real de bienes y servicios cuando todos podrían acapararla con su dinero? Cada uno tendrá sólo la parte que requiere y se quedarán con sus millones sin poder usarlos… No importa, es sólo dinero que, en verdad, sobra. Lo importante es que la producción llegó a quienes la necesitan.
Es que la riqueza real es limitada, mientras que al dinero se le puede dar valores infinitos; y, no obstante, hay suficiente riqueza para todos, pero sólo hay dinero para unos cuantos.
QUÉ DECÍA JESÚS
Podemos leer en Mateo 19, 16-22:
« Sucedió que un joven se acercó a Jesús y le preguntó: —Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para obtener la vida eterna? —¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? —respondió Jesús—. Solamente hay uno que es bueno. Si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos. —¿Cuáles? —preguntó el joven.
Contestó Jesús: —"No mates, no cometas adulterio, no robes, no presentes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre" y "ama a tu prójimo como a ti mismo". —Todos esos los he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta? Jesús respondió:
—Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás te-soro en el cielo. Luego ven y sígueme. Cuando el joven oyó esto, se fue triste porque tenía muchas riquezas. »
Ciertamente, en un sistema financiero a base de deudas y escasez, que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría, "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja", a que un rico entre en el reino de Dios (Mt 19, 24). Jesús tenía razón. Pero no era porque la persona rica sea tan mala; lo que es pésimo es el sistema financiero, el diseño monetario de la economía, el manejo del dinero que atrapa a quien lo posee y a quien no.
Ya Jesús hablaba de lo vano que es acumular riquezas (Lc 12, 32 ss), pero los ricos ¡pa-rece que no se dan cuenta nunca! Muchos millonarios no agotarían su dinero en varias generaciones. Y, con todo, son pobres ricos, siempre necesitados de dinero y de poder. Incluso el filósofo griego Epicuro, tres siglos antes de Jesús, advertía a los corazones insatisfechos: "No eches a perder lo que tienes, deseando lo que no tienes", abogando por el equilibrio y la paz interior.
Pero Jesús no era economista ni vino a plantear soluciones financieras. Sólo hizo un simple diagnóstico: los ricos no entran en el Reino de Dios, por no dejar sus riquezas ni su avaricia. Porque él veía claramente que el sistema económico, político e ideológico se los impedía: las deudas, los intereses, los esclavos, los privilegios, las castas, el poder.
Y por otra parte dijo a los pobres, denle al César su dinero (Mt 22, 21), con lo que estaba diciendo: ese sistema financiero no nos sirve para el Reino de Dios, porque es injusto, por-que es una imposición, porque su dinero es escaso y tiene a todos endeudados y esclavizados. Así que pidió a su padre Dios: "Perdónanos nuestras deudas". Y Dios ya le estaba respondiendo a través de su propia oración, pues ése sería el comienzo de un nuevo sistema financiero: no más deudas que ahogan y esclavizan a la gente.
En verdad, el solo sistema financiero echa a perder la naturaleza humana y todo el orden social. La historia nos enseña que un capitalismo bueno, no es capitalismo; y un socialismo bueno, tampoco es socialismo; la bondad no es lo suyo, han sido perversos. En cambio, Jesús se adelanta y habla de un nuevo paradigma. Tenía otras ideas, otra ideología y un sistema diferente: invitó a compartir el pan y demás riquezas como él lo hacía, sin esperar nada a cambio. Lo que significa un nuevo modelo de ser humano; el capital al servicio de la gente; y, por ende, una mejor sociedad donde abundan la generosidad, la confianza, la fraternidad, la libertad y la honestidad que el capitalismo y el socialismo no tienen.
Por eso Louis Even divulgó en el siglo XX el modelo de Democracia Económica ideado por el británico Clifford Douglas, convencido de que eso sería lo más cercano a la justicia social que Jesús promovía.
CUANDO LA ABUNDANCIA NOS ALCANCE
Si el dinero deja de ser escaso y está al alcance de todos, nadie es más importante que otro. Pierde sus elementos sustanciales del egoísmo, la envidia y la competencia. Si el dinero no es escaso, ¿cómo condicionar o sobornar a nadie?, si todos tienen el dinero que necesitan y hasta más. Nadie estará ansioso por un futuro incierto; ni se preocupará por el mañana de sus hijos, el sistema les asegura un dichoso porvenir. Nadie necesitaría ser rico.
Todo está en abolir el sistema de la escasez para que los vicios del capitalismo y del socialismo se acaben, y con ello la explotación, el robo y la mendicidad.
La abundancia de dinero significa propiedad privada para todos, y no exclusiva de unos cuantos; es capital y riqueza para cada uno. Y más que satisfacer necesidades, las reduce, pues poco a poco se abandona lo superfluo y el dinero se va centrando en lo verdadera-mente necesario, sin motivos para la codicia. San Francisco de Asís lo decía así: "Deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco". Y así, teniendo nada, lo tenía todo.
Entonces, no, no está en la naturaleza humana ser un capitalista usurero, un socialista hipócrita, o un "sin remedio" como aquel joven rico. Es la escasez de dinero en el sistema financiero lo que permite la codicia y el sometimiento en todo el mundo, incitando lo más pobre y mezquino del ser humano… donde ¡también los pobres necesitan convertirse!
Obviamente son los banqueros que crean y distribuyen el dinero, los principales responsables; y luego los políticos que lo permiten e imponen; le siguen los ricos empresarios y otras élites sociales que se aprovechan del sistema; y al final, los pobres, que hacen el trabajo y crean la riqueza real, deseosos de trepar en esta pirámide del dinero.
Así la economía condiciona a toda la sociedad: su política, sus pensamientos, sentimientos y costumbres. Pero, cámbiese el sistema y se acaban la usura, el egoísmo, y su motor la envidia. No habrá lucha de clases ni dictaduras de ningún tipo, ni de los ricos ni del proletariado. Habrá democracia económica, donde la sociedad se asemeja al Reino del que hablaba Jesús. Descubriremos otro modelo de ser humano, 2.0, que no conocemos, pero que está dentro de nosotros mismos.
¿Sabía usted que las monedas locales podrían ser una primera piedra para construir ese Reino?



