« Una defensa eficaz de la justicia se debe apoyar sobre la verdad del hombre, creado a imagen de Dios y llamado a la gracia de la filiación divina. El reconocimiento de la verdadera relación del hombre con Dios constituye el fundamento de la justicia que regula las relaciones entre los hombres. Por esta razón la lucha por los derechos del hombre, que la Iglesia no cesa de recordar, constituye el auténtico combate por la Justicia ». Sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberacion" P.38
"Las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica [...] de pobreza en medio de abundancia, la amplitud del fenómeno pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros y monetarios" Juan Pablo II.
¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA DEL SISTEMA FINANCIERO ACTUAL?
El nuevo orden mundial, también llamado "globalización", implica que se debe llegar a la unidad mundial en tres aspectos: económico, político y religioso, instalando así la abominación en todo el orbe. Aquí nos ocuparemos de explicar las nociones básicas del primer aspecto, el económico, que tal vez sea el menos visible de los tres, pero el que más eficientemente ha sido llevado a la práctica por los actores del nuevo desorden mundial.
El sistema financiero internacional dedica enormes esfuerzos a mantener la imagen de ser necesario, beneficioso, y sobre todo, benéfico con nuestros países y sociedades. Nada más alejado de la realidad, porque tantos intentos por demostrar que nos hacen un favor sólo encubren hechos que a la luz del Evangelio resultan repugnantes e indignantes. En este breve artículo derribaremos algunos de los mitos con los cuales los expertos en finanzas quieren hacernos creer que nos hacen a todos un gran favor.
¿Los bancos captan dinero de los ahorradores pagándoles un interés, y ese dinero lo prestan como crédito cobrando un interés más alto y quedándose con la diferencia como pago por ese servicio? Si estamos de acuerdo, ESTAMOS TODOS EQUIVOCADOS. Los bancos captan dinero de los ahorradores, eso es verdad; los bancos dan crédito a personas que lo piden y demuestran capacidad de pago, eso también es verdad. Pero que los bancos prestan el dinero de los ahorradores como crédito es una gran mentira. O acaso, ¿por qué instituciones que no son financieras, como supermercados y tiendas de cadena ofrecen tarjetas de crédito a sus clientes? Ellos no captan ahorros del público, entonces, ¿de dónde obtienen el dinero que prestan?.
El asunto es bastante más simple de lo que aparenta ser. Supongamos que un banco actúa como un tanque, y que el agua que lo llena es el dinero de los ahorradores. Ahora supongamos que el "tanque-banco" tiene 1.000 ahorradores, cada uno con 10 litros en su cuenta.. Es de suponer que al otorgar un "crédito" de 1.000 litros, se reducirá el contenido del tanque, y por lo tanto, el de cada cuenta en 1 litro (10.000 - 1.000 = 9.000, o sea, cada ahorrador quedaría con 9 litros. En la realidad observamos numerosas ocasiones en que los bancos "prestan" grandes sumas de dinero en calidad de crédito, pero las cuentas de los ahorradores no se reducen en esa proporción. Lo que las reduce es el cobro de comisiones, impuestos a transacciones y cuotas de manejo de tarjetas electrónicas de débito o crédito, pero no los préstamos que se hacen a otros clientes.
¿Es este acaso un gran misterio? Si no es el dinero de los ahorradores, ¿de dónde sale el crédito? Pues de la nada. ¡DE LA NADA!. Es como si cada uno de nosotros pudiera crear dinero a partir del de otros, y por permitírnoslo les cobráramos todo lo que los bancos le cobran a sus ahorradores. ¿Infame? Por supuesto. Pero eso no es todo.
¿El dinero que fabrican los gobiernos es respaldado por el oro guardado en las bóvedas de sus bancos centrales? La mayoría de la gente, mantenida deliberadamente en la ignorancia, aún piensa que esto es verdad. Para entender de dónde proviene el dinero hay que saber algo de historia. Hace miles de años, la humanidad comprendió que cada persona podía producir diferentes productos o servicios, de acuerdo con la famosa ley de la oferta y la demanda (capitalismo), y que para intercambiarlos necesitaban un símbolo que evitara las molestias del trueque. Por ejemplo, si alguien tenía una naranja, y cada naranja equivalía a dos bananas, pero el dueño de la naranja sólo quería una banana, no podía darle al dueño de las bananas media naranja. Por eso todas las sociedades humanas encontraron un símbolo que les permitiera contabilizar, representar e intercambiar su trabajo. EL DINERO ES UN SÍMBOLO CONVENCIONAL Y ABSTRACTO QUE REPRESENTA NUESTRO TRABAJO Y PERMITE INTERCAMBIARLO POR EL DE LOS DEMÁS. Todo el valor que tiene el dinero está en nuestra mente, por un acuerdo social que permite dar y recibirlo como una representación del trabajo.
Una cruz puede ser simplemente el cruce perpendicular de dos líneas rectas. Para un animal ni siquiera es eso, porque no puede abstraerlo, no lo comprende. Pero para nosotros puede, es el símbolo de la salvación traída al mundo por el Redentor, como la letra "A" significa "A", y el número "1" significa "1" para cualquier persona que sepa leer caracteres occidentales. Precisamente fue la civilización occidental la que adoptó con más entusiasmo el oro y la plata como materiales para fabricar el dinero, y por lo tanto, representar el trabajo. Al ser escaso e incorruptible, el oro parecía un buen material para fabricar el dinero y evitar que cualquier persona pudiera crearlo de la nada. Los emperadores y monarcas a través de la historia asumieron el papel exclusivo de fabricación de la moneda e impusieron su efigie en ella. De allí el afán de encontrar riquezas que permitieran fabricar suficiente dinero para representar el trabajo de la gente. Con el paso del tiempo, la gente comenzó a recortar el oro y la plata de las monedas, por lo cual fue necesario fabricarlas de aleaciones con parte de oro, y finalmente guardar el oro y la plata en bóvedas y representarlo con monedas de otros metales y billetes de papel.
Desde las revoluciones liberales todo ha ido de mal en peor; el Estado asumió el papel exclusivo de fabricación del dinero, hasta que en 1913 el Banco Federal de la Reserva de los EE.UU. pasó a manos privadas, y a partir de entonces casi todos los bancos centrales del mundo (o al menos el aspecto de la fabricación de dinero). A partir de 1950, con la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, se limitó a los gobiernos la capacidad de crear suficiente dinero para representar el trabajo de la gente. Finalmente, en 1973, el presidente Richard Nixon, preocupado por los enormes costos de la absurda carrera espacial y la guerra de Vietnam, decretó que el patrón oro dejaba de ser la referencia del Dólar. Es la economía y la producción de cada país la que ahora respalda el dinero que circula. Pero precisamente es en la circulación donde encontramos el siguiente mito, y por lo tanto el siguiente problema.
¿Los países deben emitir una cantidad limitada de dinero cada año para evitar la inflación y/o la devaluación, y evitar así el riesgo de una crisis económica? Ese es el gran mito creado por la banca multilateral para asegurar el infame negocio de los financistas internacionales. La teoría de la riqueza de las naciones, formulada por Adam Smith, supone que el dinero se produce para representar la riqueza, y la riqueza proviene del trabajo. El trabajo puede producir bienes o servicios; a mayor oferta de un bien o servicio, más bajo será su precio, y a mayor demanda de un bien o servicio, mayor será su precio. Son normas de la más elemental lógica. La generación de riqueza supone entonces la generación de dinero para representarla. Por lo tanto, ES DEBER DE TODO GOBIERNO FABRICAR UNA CANTIDAD DE DINERO SUFICIENTE PARA REPRESENTAR Y COMPRAR LA PRODUCCIÓN DE BIENES Y SERVICIOS. ¿De qué sirve tener abarrotadas las tiendas si no hay dinero suficiente para comprar?
También existe el concepto del "valor agregado", que es lo que representa el trabajo necesario para producir un bien o servicio. Si nos atenemos a las enseñanzas de la Iglesia Católica, en especial a lo dicho por S. S. Pío XII, los recursos naturales son gratuitos, es decir, son un regalo de Dios para asegurar nuestra digna existencia en el tránsito por el mundo. Por lo tanto, el dinero debe representar el trabajo que el hombre aplica a los recursos naturales para producir un bien material, o sus talentos para prestar un servicio.
No obstante, en promedio, en todas las economías del mundo la cantidad de efectivo circulante a duras penas alcanza a ser 1/3 de lo que vale la producción de bienes y servicios. ¿Por qué? Porque los financistas internacionales, a través de la banca multilateral (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.), impiden que cada país, en forma autónoma y legítima produzca el dinero indispensable para que sus habitantes compren la producción y satisfagan sus necesidades, especialmente las tres básicas: alimento, vestido y vivienda. Con la amenaza de la inflación y la devaluación, los países tienen que limitar la producción de dinero y suplir la deficiencia a través de la deuda pública. Ese es el gran negocio que mantiene asfixiadas a las economías de todos los países: la necesidad de llenar el vacío del dinero que no pueden producir, pidiendo prestado a bancos internacionales y nacionales. Obviamente, el dinero que se presta a los países, como el que se presta a las personas, es producto de la nada, pero esos países deben devolverlo en dinero muy real, producto de los impuestos y el trabajo de sus habitantes, y adicionalmente deben pagar intereses sobre las deudas contraidas. ¿Absurdo?, ¿injusto? Por supuesto.
Por ejemplo, si un país quiere construir una represa para generar electricidad, y esa represa cuesta cien mil millones, en su moneda, podría emitir esa cantidad de dinero, porque finalmente el trabajo va a ser realizado, y así podría pagar todo el costo de la obra sin pedir un centavo a crédito. Pero con el sistema actual, un país debe pedir prestados los cien mil millones, entregar la obra a un contratista privado, perder gran parte del dinero en corrupción y malos manejos, y devolver aproximadamente 220.000 millones, al cabo de 15 años.
¿Los bancos nos hacen un favor cuando reducen las tasas de interés? De ninguna manera. La encíclica Vix Pervenit, promulgada por Benedicto XIV en 1745 es clara al afirmar que la usura está proscrita para los cristianos, que es pecado, e igualmente ocurre con el Antiguo y Nuevo Testamento en al menos 4 ocasiones. Así como los países no pueden fabricar el dinero que sus habitantes necesitan para comprar la producción, esos habitantes quedan, ante la escasez de dinero en efectivo, prácticamente obligados a pedir crédito para poder pagar los crecientes costos de servicios públicos, impuestos, educación, etc. Cada vez que una persona pide un crédito recibe dinero "plástico", o crediticio, sustentado en la falacia del "poder multiplicador del dinero", es decir, la capacidad que gobiernos desleales le han dado a la banca de generar dinero de la nada, con la garantía del dinero ajeno. Pero cada vez que una persona paga un crédito, entrega al banco dinero de verdad, del escaso, que representa su trabajo, y adicionalmente otra suma que es el interés, y que se cobra arbitrariamente enriqueciendo ilícitamente al banco. Esto a su vez hace el dinero en efectivo aún más escaso; de allí que la mayoría de gobiernos entreguen el dinero en efectivo a los bancos, porque son ellos quienes controlan el ritmo al que puede moverse una economía subiendo (bajo cualquier pretexto) o bajando las tasas de interés, pero nunca eliminándolas. Si el desdichado que pidió el crédito no tiene con qué pagarlo, a los intereses corrientes, es decir los autorizados por el gobierno, se suman los moratorios, también permitidos por los Estados ateos, que son cobrados como un porcentaje sobre la deuda. Aquí lo que prevalece es una lógica pervertida en la que la situación desfavorable de una persona es aprovechada para hacerla aún más desfavorable. Es así como los bancos cada año se quedan con las propiedades de millones de personas que no pudieron pagar sus créditos, y es así como una deuda pequeña sin pagar puede terminar siendo la ruina de cientos de miles de familias dejadas en la más absoluta miseria.
Si a todo esto sumamos la demencial "sociedad de consumo", en la que se promueve el crédito para adquirir cosas innecesarias por satisfacer el capricho y la vanidad, podemos suponer qué tan graves son las consecuencias, y apreciarlas en las abismales diferencias que separan a ricos y pobres, especialmente en los países llamados "tercermundistas".
El único crédito saludable es aquel en que no se paga ningún tipo de interés. Como los bancos saben que su negocio es una estafa se dedican a convencernos de sus falsas bondades a través de intensas y cínicas campañas publicitarias. ¿Cómo pueden querer ayudarnos si sólo nos han llevado a la ruina?
¿El aumento de la población es el culpable de la crisis económica? Esta es otra gran mentira propiciada por grupos de interés puestos al servicio de las tinieblas. La ONU, y miles de organizaciones adscritas al nuevo orden mundial promueven permanentemente y en diferentes formas la contracepción como medio de luchar contra la pobreza. En vez de promover una sexualidad responsable, se promueve la irresponsabilidad sexual a través del uso generalizado de anticonceptivos, la equiparación de las parejas del mismo sexo con el matrimonio heterosexual, previsto por el Creador como fuente generadora de la vida familiar y social; la despenalización del crimen del aborto, la esterilización masiva e incluso la eutanasia. Se promueve una cultura de destrucción de la vida y no de generación de la vida.
Según cifras de la misma ONU, órgano encargado de preparar la unidad política del nuevo orden mundial, entre el año 1900 y el año 2000 la producción internacional se multiplicó hasta 40 veces; en ese mismo lapso de tiempo la población mundial pasó de aprox. 1.600 millones a 6.000 millones, es decir que casi se cuadruplicó. Esto significa que la producción mundial actual es suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad multiplicada por 10, es decir, más de 60.000 millones de personas. Pero en la realidad, y según los datos más recientes, el 75% de la población mundial vive por debajo de la línea de pobreza. Así, 4.500 millones de personas en el mundo son pobres. Esta situación tiene que ser artificial, fruto de un régimen económico y político absolutamente injusto e inequitativo, en el que se premia la avaricia, y se castiga la solidaridad. Muchas veces se nos acusa a los católicos de ser los culpables de la pobreza, y el sufrimiento que genera, por nuestras convicciones religiosas. Nuestra respuesta debería ser: si Dios hubiese querido que fuésemos miserables, ¿nos habría regalado recursos naturales suficientes para satisfacer las necesidades de nuestra población actual multiplicada por 10? Obviamente, la lucha de la Iglesia, a través de la Doctrina Social ha sido la construcción de un régimen más justo y equitativo, inspirado y basado en la Ley Divina como sustento de cualquier civilización. Por eso quienes luchan contra la Iglesia Católica luchan a favor de la mentira, el engaño y la injusticia.
Es nuestro alejamiento de la Ley Divina lo que nos ha traído como consecuencia la actual situación de miseria y desigualdad. Es el alejamiento de Dios, y no lo contrario, lo que nos ha traído como consecuencia toda clase de desgracias. La tendencia a la crisis financiera mundial, pronosticada y precipitada por los mismos responsables de la estafa del sistema financiero podría precipitarse muy pronto, para acelerar el establecimiento completo del nuevo orden mundial y toda su ignominia.
Por eso los Peregrinos de San Miguel promovemos un orden social justo, basado en las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia. Es urgente encontrar un sistema económico que permita a sus miembros sobrevivir, vivir y prosperar aplicando las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, y el Crédito Social, en pequeña o gran escala es la respuesta para lograr que nuestras sociedades vivan el Evangelio.



