Me ha parecido apropiado incluir en la edición de este año algunos temas en relación al Matrimonio, tan rechazado y despreciado hoy en nuestras sociedades modernas. Estoy tomando como fuentes intercaladas síntesis de varios autores; entre ellos escritos del gran sacerdote Rev. Padre Horacio Bojorge en sus libros "La Casa sobre la Roca"; "El buen amor en el matrimonio"; escritos de Costanza Miriano "Cásate y sé sumisa", "Cásate y da la vida por ella" y varios otros autores. 

LA AMISTAD MATRIMONIAL [1]

A mor y amistad son palabras desfiguradas por esta cultura no cristiana por lo cual es necesario explicarla y definir su sentido verdadero.

Qué es amor: Los seres humanos se aman con dos tipos de amor:

a) El amor egoísta o posesivo. Es el que quiere al que ama para su propio bien, aún a costa del bien del otro. A este amor se le llama amor de concupiscencia. Porque es consecuencia de la herida del pecado original que desordenó los deseos. Esos deseos desordenados que no obedecen a la razón se llaman concupiscencias. Las concupiscencias son de dos tipos principales:

  1. concupiscencia de la carne (apetitos instintivos físicos, que tiene el hombre de común con los animales: gula, lujuria y por su frustración la ira animal) y
  2. concupiscencia de los ojos (apetitos anímicos, los deseos del alma propios del hombre como ser social: vanagloria, codicia, dominación y por su frustración la ira fría, del alma) Porque todo lo que hay en el mundo – los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de la riqueza – no viene del Padre, sino del mundo. (1º San Juan 2,16). Este tipo de amor destruye la amistad porque o bien la parte egoísta utiliza al amigo generoso; o bien los dos egoísmos terminan enfrentándose y mostrando que no los unía una verdadera amistad sino un pacto de intereses.

b) El amor generoso, oblativo, quiere el bien de aquél a quien ama y el bien para el que ama; aún a costa de sí mismo. Y por eso se llama ´amor de benevolencia´.

Qué es amistad: Amistad es el vinculo de amor generoso o benevolente entre dos o más. Para que haya amistad no basta que uno ame al otro. Sólo hay amistad cuando dos o más se aman recíprocamente con amor generoso Es necesaria la reciprocidad: ambos deben amarse con amor generoso. El amor debe ser generoso para que la amistad sea duradera.

Cuando no hay reciprocidad de la amistad, hablamos de amor no correspondido. El amor no correspondido es un drama.

También hay que tener en cuenta:

a) que los móviles del ser humano, por estar herida la naturaleza por el pecado original, no siempre son puros, sino que vienen mezclados los móviles buenos y los egoístas.

b) que siempre estamos en lucha porque hacemos el mal que no queremos y no hacemos el bien que queremos, deseamos hacer el bien pero no lo logramos (Romanos 7, 15ss). Y

c) que, como nadie está confirmado en gracia, es posible que alguien empiece con amor generoso o prevalentemente generoso, pero que luego se deslice al amor egoísta o prevalezcan sus móviles interesados. Por eso insiste tanto Aristóteles en que el ejercicio de la virtud es necesario para preservar la amistad.

¿Podrá surgir una amistad verdadera, auténtica, por la cual los dos buscan mutuamente el bien del otro cuando desde el principio lo que hubo fueron fines egoístas, de una parte o de la otra? Humanamente no es posible pero Todo es posible para Dios. Porque no empezamos a vivir santos; la santidad es algo que va llegando. Debe haber también medios de ir purificando los egoísmos y de que lo que prevalezca sea el deseo del bien del otro.

Por ejemplo: Si yo elijo a alguien para que sea remedio de mi soledad, no estoy queriendo el bien del otro, lo estoy usando para satisfacer una necesidad mía. No es verdadero amor una elección para colmar una necesidad afectiva.

Otras veces, el afecto hace ciego para tomar en cuenta factores que después, a la larga, en la vida familiar, van a ser motivo de disenso, de desacuerdo y discusión, impedimentos para la paz y la concordia. Pienso en el caso de los matrimonios mixtos: una joven que se enamora de un joven de otra religión. Una muy buena chica católica enamorada de su novio evangélico a punto de casarse, pero ya está teniendo dificultades por su diferencia religiosa, por el matrimonio por dispensa. Es un caso donde uno aún puede pesar las razones antes de comprometerse. Hay que elegir con la cabeza. Si va a elegir un problema, entonces que lo piense antes.

CONSECUENCIAS DEL PECADO ORIGINAL [2]

El problema del varón

Un núcleo mayor de dificultad para el crecimiento sano de una amistad de novios generosa y duradera, que ponga un buen fundamento para una posterior amistad matrimonial, es la lujuria en el varón. Lujuria es: desorden del apetito sexual por pérdida del dominio racional del impulso instintivo ¿Qué tiene que hacer la novia con la pasión del varón y qué tiene que hacer el varón con la fuerza de su propia pasión, de acuerdo con su novia y ayudado por ella?

¿Qué nos enseña nuestra fe católica como revelación de Dios? Que la naturaleza humana es buena por ser creada por Dios. Pero que ha quedado herida a causa del pecado original. Nos enseña que nuestra naturaleza necesita ser sanada. Y que si no es sanada por la Gracia de la fe y por los sacramentos, que son los medios de Gracia que Jesús nos vino a traer, va a seguir siempre herida y esas llagas se van a ir infectando cada vez más.

La principal herida del pecado original consiste en que la inteligencia ya no conoce bien a Dios como su bien principal; el bien que haría feliz al Hombre. Entonces, los instintos animales y los deseos del alma se desordenan y ya no obedecen a la razón.

El pecado original ha herido al varón de una manera y a la mujer de otra. Y es bueno que la mujer sepa cómo está herido el varón y que el varón sepa cómo está herida la mujer para que se puedan entender. Porque de esa ignorancia nace el desencuentro entre ambos.

¿Cómo ha herido el pecado original al varón? Lo ha herido precisamente en la esfera instintiva, en lo que tiene de común con los animales, en el desequilibrio de la concupiscencia de la carne: la gula y la lujuria. Esto quiere decir que la fuerza sexual, el instinto sexual del varón no obedece ya a su razón, se descontrola. Por la lujuria el varón pierde la cabeza: se enceguece o juzga precipitadamente, puede quemar el rancho, hace cualquier desastre, no piensa, se hace imprudente, no escucha consejo, se hace infiel.

Cuando se ama a Dios como Padre, cuando se aspira a vivir como hijo; cuando se sabe, porque lo enseñó Jesús, que al Padre le desagrada mucho el desorden sexual del varón: no sólo el adulterio, sino aún la mirada lujuriosa sobre una hija de Dios, que por lo tanto es su hermana, se establece en el corazón, como una gracia, el autodominio.

Desde la fe, por la gracia, el varón tiene los mejores motivos y los resortes más firmes para adquirir la virtud de la castidad, que le da el dominio de su pasión sexual y lo libera de su tiránica servidumbre. Porque la pasión sexual desordenada, se hace obsesiva y se convierte en una verdadera esclavitud; en una cárcel en que queda prisionero el varón.

A la mujer le cuesta comprender lo que le pasa al varón, porque ella no ha sido herida de la misma manera. En ella la instintividad no eclipsa el afecto ni las capacidades del alma. En la mujer la sexualidad y el afecto están unidos armónicamente.

En el varón, a consecuencia del pecado original, la sexualidad tiende a recaer en lo instintivo y a disociarse del afecto, eclipsando o interponiéndose en la comunicación espiritual, personal, con la mujer. El varón se queda en el cuerpo y no llega al alma. Su afán posesivo apunta al cuerpo de ella.

Ella se ilusiona. Herida por el pecado original precisamente en las facultades del alma, en la imaginación, no lo advierte. Confunde lo que el novio es, con lo que ella quiere que sea y se imagina que él es. Por lo general la chica enamorada es una mujer ilusionada: idealiza al varón… ¡Cuántas mujeres se dieron cuenta que se casaron con el hombre equivocado, porque cuando despiertan de su sueño advierten que lo habían idealizado! La mujer, herida en el afecto, suele idealizar a los que ama y engañarse.

La llamada a la mujer

Las mujeres están llamadas a ser maestras de la amistad.. ¿Ustedes vieron que las chiquilinas cultivan la amistad entre ellas, se cuentan las cosas del corazón, tienen su mejor amiga, muchas amigas con las que viven contándose las cosas del alma, y lo que les pasó? La mujer tiene una vida interior rica, compleja. Y como el matrimonio es un camino de amistad, a ella le toca en esto el rol principal. Pero a causa del pecado original, su posesividad aspira a apoderarse del afecto del varón, a dominarlo, a tener acceso al alma de él y a controlarla. Y el varón teme entregársela por temor a ser controlado.

Es que a la mujer, el pecado original la hiere precisamente en los apetitos del alma. Se los exagera y descontrola. Como Eva está inclinada a desear la ciencia del bien y del mal y a adquirir el poder divino, que le permita realizar el bien y conjurar los males que teme. La mujer peca por exceso de deseo del bien y por temor de los males. Tiende al ejercicio ilegal de la divinidad y a la usurpación de la divina Providencia. Ella quisiera tenerlo todo bajo su control: su novio, su esposo y sus hijos. El presente y el futuro.

Nuera y suegra chocan porque no puede haber dos mujeres mandando en la misma casa como no puede haber un auto con dos volantes ni dos caracoles en la misma cáscara ni dos dioses en el cielo. Para ella su casa es una prolongación de sí misma. Hasta la hija cuando se hace mujercita, empieza a forcejear con su mamá. La mujer deja de ser maestra de amistad cuando su afán de control la lleva a rivalizar dentro de su territorio.

En cambio, los varones son compinches. Si son buenos hacen un club. Si malos una manada. Se asocian para el deporte, para divertirse, para pecar. Hay que levantarlos con amores e ideales grandes, que los motiven para dar la vida por ellos... y por ella; que está llamada a ser'la dama´: el ideal encarnado de un'buen caballero´.

Cuando una chica encuentra un varón como amigo, larga a sus amigas y se pega al novio pensando que va a ser el amigo. "Ahora encontré el amigo." Es como si imaginaran que el varón es una especie de amiga masculino. Como si pensaran o imaginaran al varón de acuerdo con el patrón de sus amigas. Y aunque se den cuenta de que el varón las mira de una manera muy distinta que sus amigas, no comprenden del todo en qué consiste la diferencia.

En los cuentos de niños que se contaban en mi tiempo -ahora son otros atroces, pero yo tuve la suerte de que nos contaban cuentos de príncipes y princesas, de hadas y de brujas- se decía que la princesa estaba presa en una torre y venía el príncipe y la sacaba de allí. Ese cuento contiene una visión llena de sabiduría respecto de la condición de la mujer. Toda mujer es una princesa presa en la torre de su cuerpo. Todos los asaltantes quieren apoderarse de la torre. Hay uno solo, el príncipe, que la libera de esa prisión a la que los varones ponen sitio por el deseo. Él príncipe la busca a ella, más allá de su cuerpo. Hay una verdad muy grande en esto y si la mujer no se da cuenta de estas cosas, corre el riesgo de convertir incluso al príncipe en un asaltante.

Dijimos que la mujer, por naturaleza y vocación, está destinada a ser maestra de amistad, que debe enseñarle al varón, a su novio y luego a su esposo, sin dominarlo, el arte de la amistad del alma. Eva le fue dada a Adán como compañera porque éste no encontraba entre los animales una ayuda semejante a él, es decir para su alma. Pero si, por el pecado original, tiende a querer dominar al varón, y con ese fin condesciende o fomenta la lujuria del varón, entonces, en vez de levantarlo hacia sí, hacia la esfera del alma, refuerza la regresión masculina a la esfera de la instintividad animal: a su encandilamiento corpóreo.


[1] P. Horacio Bojorge, La Casa sobre la Roca

[2] Íbid