El siguiente artículo explica las ventajas de tener una moneda local o alternativa a escala de un pueblo o una región, a falta de que se apliquen los principios del Crédito Social de Douglas a escala nacional. De hecho, si se produce una crisis financiera de la noche a la mañana, es útil crear desde ahora mismo una red de ayuda mutua y solidaridad entre la población, para poder adquirir e intercambiar productos y servicios incluso en ausencia de una moneda nacional oficial.

La teoría de Democracia Económica del ingeniero escocés Clifford Douglas, propone distribuir un dinero extra, nuevo, para que la producción y el consumo sean equivalentes. Se lleva a la práctica mediante sencillas técnicas que conocemos como Crédito Social, promovidas después por Louis Even: 

1) Libre emisión de dinero nuevo y sin deuda, 

2) Repartir un dividendo gratuito a consumidores y productores y, 

3) Establecer un descuento a los consumidores, devuelto o compensado a los vendedores por el gobierno. 

Un problema técnico. — Las propuestas de Douglas para distribuir un dinero nuevo, no son por capricho o sólo por tener la libertad o la posibilidad de hacerlo. Se deben a que técnicamente, matemáticamente, es imposible consumir todo lo que el mercado produce cuando se recibe sólo un salario, ya que su valor no incluye el costo de los insumos, como la tecnología y las materias primas: el salario corresponde a la mano de obra y nada más. Así que los precios siempre serán superiores a la capacidad de compra del salario. 

Douglas lo explicó mediante el teorema del precio "A+B", donde B está faltando en una parte de la ecuación: A+B=A+__. El Crédito Social viene a cubrir ese faltante B en el salario, para que sea igual al precio.

Clifford Douglas y Louis Even pensaban aplicar esta Democracia Económica a nivel nacional e internacional, como un nuevo sistema financiero que resolviera las carencias de la gente por falta de dinero, en un mundo donde, paradójicamente, existe abundancia de productos y servicios que esperan ser consumidos. 

Sin embargo, en el mundo domina un sistema financiero supranacional que no permite que se lleve a cabo el Crédito Social, impidiendo que ningún gobierno emita su propio dinero y haga dicha distribución gratuita.

Por ello, en la segunda mitad del siglo pasado, empezaron a tomar fuerza las monedas locales, independientes de los gobiernos. No surgieron desde la teoría de Douglas, pero sí buscando soluciones a la misma falta de financiamiento.

Para los impulsores de estas monedas locales, no se necesitaba algún teorema para demostrar que el dinero era insuficiente, ¡era un axioma de verdad que no necesita demostración! Así que simplemente lo crearon, de manera digamos ruda, sin muchas explicaciones.

Por un lado, Douglas no pensaba aplicar sus teorías a nivel local; y por su parte, las monedas locales no conocían las teorías de Douglas 50 años antes. Vaya, no coincidieron en el tiempo. 

No obstante, las teorías de Democracia Económica y Crédito Social tienen mucho en común con las monedas locales. En verdad, las monedas locales llevan a la práctica dichas teorías, que vienen a ser un soporte teórico muy útil para entender mejor lo que están haciendo. 

Ciertamente, las monedas locales no resuelven los problemas de todo un país, pero mejoran la situación en pequeñas comunidades, pudiendo extenderse más y más: ya hay en el mundo alrededor de 5 mil, y son un modelo y una práctica para una economía más justa a mayor escala en el futuro.

Veamos ahora algunas características que permiten clasificar a la mayoría de las monedas locales como experiencias de Democracia Económica y Crédito Social.

1. Satisfacen necesidades. — Las monedas locales son creadas para facilitar los intercambios y el comercio, a fin de que los productos y servicios lleguen a las manos de quienes los necesitan. Esto es el principal propósito de la economía en general, así como de la Democracia Económica y de las monedas locales.

2. Libre emisión de dinero. — Las monedas locales son impresas o emitidas por una comunidad de productores y comerciantes que usan este dinero en sus transacciones comerciales. Es decir, cuentan con la soberanía monetaria que requiere el Crédito Social para generar el dinero que necesiten; soberanía que no tienen los gobiernos pues dependen de bancos usureros.

3. Sin deudas ni intereses. — El Crédito Social y las monedas locales no se obtienen como una deuda en un banco, ni pagan intereses. Significan el aumento de dinero circulante y de la capacidad de compra. Mientras que los préstamos bancarios, en realidad generan escasez de circulante, causando el aumento de precios para poder pagar dichas deudas.

4. Dividendo social. — Al igual que el Crédito Social, las monedas locales se entregan gratuitamente a todos los participantes, y de manera igualitaria, lo que les ayuda a financiar su consumo o su producción. O bien, se entregan a menor costo de la moneda oficial. Esta distribución no se basa en un porcentaje de toda la producción, como podría hacerlo el Crédito Social, pero ayuda a crear una sociedad de abundancia cuando el problema es la escasez de dinero.

5. Descuento compensado. — Los productores y comerciantes suelen ofrecer mejores precios a los compañeros consumidores, por el simple hecho de ser solidarios. Y esto se compensa pues se hace de manera mutua o recíproca. Más aún, los productos y servicios se hacen más accesibles al facilitar y combinar las formas de pago. 

6. Basadas en la confianza. — Las monedas sociales y el Crédito Social recuperan la confianza entre las personas y recomponen el tejido social. Pero la principal confianza va más allá del funcionamiento de la moneda local como un instrumento de intercambio: es la confianza en las personas que la usan y aceptan.

7. Economía local. — Las monedas locales están destinadas a fortalecer la economía local. No pretenden exportar para obtener dinero o divisas a cambio de nuestra riqueza; buscan que la riqueza sea consumida por las familias de la región. 

8. Democracia libre. — El Crédito Social presupone que la nación cuenta con una democracia real que decide implementarlo, sin embargo, suele ser la principal carencia. Por su parte, las monedas locales son el fruto de decisiones democráticas reales, donde los involucrados tienen la libertad para innovar y organizarse con sus propios mecanismos de autogobierno. No dependen de organismos ajenos a los participantes que tomen decisiones arbitrarias o contrarios a la voluntad común. Ni dependen de condicionamientos o impedimentos de ningún gobierno. 

9. Sin fines de lucro. — El Crédito Social no crea dinero para venderlo en un mercado de valores como hacen muchas monedas digitales. Y tampoco lo hacen las monedas locales o comunitarias, pues no están hechas para comprarse y venderse a fin de obtener ganancias monetarias, sino para intercambiar bienes y servicios: son un instrumento para facilitar e incentivar el comercio, no una mercancía para vender.

10. Cristianismo sin pretenderlo. — La mayoría de las monedas locales no se hicieron con el fin de seguir los principios cristianos, ni son impulsadas por alguna religión. Sin embargo y sin pretenderlo, son profundamente cristianas, sin rezar un solo padrenuestro, ya que se preocupan por el beneficio de todos los participantes y no están hechas para robar ni someter a nadie. Crean una red comunitaria de confianza, solidaridad, comprensión y ayuda mutua, con relaciones fraternas y no de competencia.